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Las preocupaciones acaparan nuestros pensamientos y nos roban la calma, pero también hay maneras de contrarrestar este estado emocional que tanto agobia, las siguientes son cinco formas de lograrlo.

1. Si nuestra preocupación es por algo presente, es útil el analizar cuidadosamente el problema, luego buscar lo que se puede hacer para solucionarlo, y finalmente decidirse por alguno de los medios que aparecen.

2. No hacer grande lo pequeño. No agitarse por naderías. Válgase de aquel dicho popular: “Más se perdió en el diluvio”.

3. Alegrarnos de lo que tenemos y no prestar atención fija en lo que no tenemos y que quizá ni falta nos hace. Muchas de nuestras exigencias no nos hacen felices, sólo crean servidumbres y preocupaciones.

4. No hagamos caso de críticas, calumnias o burlas. Hagamos el bien y dejemos que critiquen. Es frecuentemente que se critique a personas que valen y precisamente porque en algo se están destacando. Que las críticas nos ayuden a perfeccionarnos. (Ver: Cinco pasos para afrontar las críticas)

5. El encomendarse a Dios y confiar en su poder y en su amor a nosotros, disipa muchas preocupaciones. La oración confiada es de lo mejores medios para tranquilizarse ante los problemas y para resolverlos mejor.

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