Muy probablemente alguna vez te hayas preguntado si era posible que una criatura mítica o fantástica de verdad existiera, y no fuera el producto de la mente de un loco o un artista. Las sirenas son unas de las criaturas más retratadas y complejamente descriptas en libros, películas y otros relatos. Pero, ¿qué chances hay de qué sí existan o hayan existido alguna vez?

Una de las teorías mejor fundamentadas que podría sostener algo similar es la hipótesis del simio acuático.

Según este pensamiento, antecesores más o menos inmediatos de los humanos vivieron durante un tiempo en un ambiente semiacuático de la costa africana.

Los motivos que llevaron a esta vida híbrida pueden haber sido la búsqueda de alimento en el agua o la necesidad de esconderse de depredadores. De cualquier modo, este hecho podría haber influido en la evolución natural, generando una subespecie anfibia, mientras que otros homínidos mantenían una existencia puramente terrestre.

Si bien con el correr de los años la teoría fue abandonada a grandes rasgos, hubo al menos tres estudiosos distintos (Max Westenhofer, ideólogo, Sir Alister Hardy, biólogo marino, y Elaine Morgan, escritora feminista) que se ocuparon de desarrollarla.

Científicos han descubierto indicios de que especies similares a las sirenas podrían existir.

Sirenas en el mar

Las razones para justificar la teoría del simio acuático son múltiples, entre ellas:

  1. El hecho de que somos la única especie de primate en la cual el pelo no cubre la totalidad del cuerpo, una condición que se da sólo en ambientes acuáticos o subterráneos.
  2. Los humanos somos los únicos mamíferos bípedos. Esta condición no podría haberse dado fácilmente en la sabana africana, donde evolucionaron los primeros hombres, pero sí en el agua, que mantiene al cuerpo en esta posición.
  3. La respiración en el humano es distinta que en otros mamíferos, ya que tenemos la capacidad de controlarla voluntariamente. Tal como las criaturas marinas, podemos inhalar tanto aire como necesitemos para zambullirnos en el agua, y luego volver a la superficie por más.
  4. Al igual que los mamíferos acuáticos, pero a diferencia de los terrestres, los humanos tenemos un exceso de grasa corporal que retenemos durante todo el año.
  5. Tanto las lágrimas, como la sudoración excesiva, y también la porción de piel que se encuentra entre el dedo pulgar y el índice sugieren, para los devotos de la teoría, antepasados marinos.
  6. Por último, nuestra facilidad para la natación, mientras que otros mamíferos se mueven torpemente en el agua, sugiere que parte de nuestra evolución ocurrió de manera acuática.

Sirena macho nadando junto a un cetáceo

Las sirenas tendrían un lenguaje desarrollado y complejo como el humano.

Los detractores de la teoría la descartan indicando que, por ejemplo, existen muchos mamíferos acuáticos con pelo, como las nutrias y los castores. Por otro lado, ningún mamífero acuático es bípedo y, lo más importante de todo, no se han hallado restos fósiles que puedan comprobar que existiese una especie de monos acuáticos o “sirenas” en ningún momento de la historia.

Sin embargo, en los últimos años, diversas investigaciones sugirieron que sí podrían existir en el agua criaturas con un lenguaje tan complejo como el humano , lo cual hizo renacer la hipótesis de la sirena.

Según nuevos estudios, algunos homínidos podrían haberse adentrado en el agua, transformando sus dos piernas en una cola que les permitiera nadar con más facilidad.

¿Y tú qué crees? ¿Será real la historia de La Sirenita?

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