Seis veces elegido como el mejor terminal aéreo del mundo por la encuesta Skytrax, en la que votan los propios pasajeros, y más de 480 premios y distinciones a lo largo del mundo dan cuenta de algo. Emplazado en un terreno ganado al mar, Changi es el punto de entrada y salida de Singapur, la ciudad-Estado que ha hecho de la logística y los servicios su carta de presentación.

Inaugurado en 1981, luego de tres décadas y media, el entonces único edificio ha crecido a la par del vertiginoso desarrollo del país hasta convertirse en una ciudad aeroportuaria compuesta por tres terminales (T1, T2 y T3), que mueven 54 millones de pasajeros al año. La T4 se inaugurará en el 2017 y la T5, en el 2020.

Pero no son sus números lo impresionante. Hay aeropuertos más grandes o con mayor movimiento. Son sus detalles, amenidades y experiencia de servicio los que lo diferencian del resto de los congestionados, intimidantes y tediosos recintos aéreos.

Un elemento clave aquí es la relajación. Hay sillones y áreas de siesta en todo el complejo para reponerse entre un vuelo y otro. Y si quiere, por 10 dólares se puede disfrutar de una piscina al aire libre con jacuzzi y bar de bebidas no alcohólicas. También hay servicio de masajes, tratamientos de belleza. Gimnasios abiertos las 24 horas para los energéticos o camas que se arriendan para los somnolientos son otras de las posibilidades.

Si es de los amantes de las excursiones al aire libre, en Changi puede recorrer el primer jardín de mariposas que hay en un terminal aéreo en el mundo. En un espacio de dos pisos con cascada y vegetación tropical incluidas, más de 1.000 ejemplares de distinto tipo revolotean y se alimentan de frutas frente a los visitantes. También está la laguna Koi Pond, con peces carpa de vivos colores que se pueden alimentar, o el jardín de cactus; más exuberante es el jardín de orquídeas.

Si de comer se trata, hay 120 restaurantes, cafeterías y locales de comida rápida especializados en varias cocinas asiáticas, europeas y americanas. De ellos, 40 funcionan las 24 horas. Pastelerías, bares temáticos y teterías dan cuenta de una variedad difícil de encontrar en otras partes, y el Raffles Long Bar se distingue por ofrecer un Singapore Sling, el trago nacional, gratis para degustar.

Más abundante todavía es la oferta de tiendas: hay 350 dedicadas a ropa, accesorios, juguetes, electrónica, licores y todo lo que se le ocurra. Y no hay un cine; hay dos, gratuitos y funcionan las 24 horas. Esto y más en un aeropuerto que se convierte en un interesante destino.

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