Los bancos buscan ganar dinero, valiéndose para ello de muchas metodologías, entre ellas la de colocar las hipotecas firmadas con sus clientes en un circuito financiero que les permite, como premisa última, aumentar su rentabilidad.

Las hipotecas son uno de los instrumentos bancarios que se emplean para captar financiación. Así lo explican especialistas citados por el portal Idealista, que restan importancia a las condiciones en las que los clientes firmaron sus hipotecas, ya que, de una u otra manera -explican-, se convertirán en un elemento más de las entidades para hacer negocios.

El experto Juan Villén define al banco como un “intermediario financiero” cuya única misión es “pedir dinero a unos para prestárselo a otros”, mientras que “cuando no tiene suficientes recursos internos para satisfacer la demanda de crédito, no tiene más remedio que acudir a los mercados de capitales”. Es “dentro de esa dinámica donde entran en juego todas las hipotecas de los clientes”, explica.

¿Cuáles son, entonces, los instrumentos de financiación que tienen los bancos? Según el portal, uno de ellos es el de los títulos hipotecarios, que se dividen en cédulas y bonos de titularización de activos, que consisten en agrupar paquetes de hipotecas y venderlos como productos de inversión a los grandes inversores.

Sin embargo, muy a su pesar, no pueden emitir todos los títulos que desean, ya que deben ceñirse a las leyes, a los condicionamientos legales establecidos por cada país y que rigen, en especial, sobre la emisión de cédulas.

En cambio, la emisión de bonos de titularización -que son valores con garantía hipotecaria que el banco traspasa a un fondo para que este los emita- no está regida de igual manera. “En las titularizaciones vale todo. Se puede emitir cualquier cosa y solo se obtiene el respaldo de lo que se ha emitido, por lo que en caso de que surjan problemas, el tenedor no puede ir contra el resto de activos del banco”, sostiene Gregorio Arranz, secretario general de la Asociación Hipotecaria Española.

Por lo tanto, al comprarlos, los inversores reciben una rentabilidad más elevada frente a las cédulas, cuyo tipo e interés es menor.

De esta manera es como, gracias a todos estos movimientos, las hipotecas del común de la gente sirven para que los grandes financieros consigan dinero barato y aumenten su rentabilidad.

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