Con 168 fábricas repartidas por toda la nación y un consumo medio de 72 litros por persona, Bélgica es considerada la nación de la cerveza por excelencia.

Bélgica es un pequeño estado en el centro de Europa, pero sus fronteras albergan nada menos que 1.500 tipos diferentes de jugo de cebada, convirtiéndose en el país ideal para los más cerveceros.

Así, no sorprende que esa bebida ocupe gran parte de las cartas de bares y restaurantes belgas. Aquí se pide una trappiste, una geuze, una pilsen, una kriek o incluso una de cactus, elaborada a partir de esa planta, pero nunca “una cerveza”.

Entre tanta variedad, parece que hasta el más escéptico puede encontrar una que le guste. Y así ha debido de ser, porque esta bebida lleva con el ser humano mucho más tiempo del imaginado.

MILENARIAMENTE INNOVADORA

Los antecedentes más remotos de la cerveza se encuentran ya en las primeras civilizaciones de la humanidad. En Mesopotamia, Centroamérica, China o Egipto usaban granos de trigo, arroz o incluso cacao para elaborar una bebida fermentada similar a la que se consume hoy en día.

“Todo lo que necesitas es azúcar, que se encuentra en el grano, agua y levadura. Eso es todo y es suficiente”, dice Julien Serusier, camarero del Delirium Café desde hace ocho años y un apasionado de esta bebida.

Una receta bastante sencilla que admite muchas variaciones en su elaboración, siempre y cuando incluya un cereal, agua, lúpulo y levadura.

Con base en esto, los cerveceros belgas han ido añadiendo ingredientes y aplicando distintos métodos para obtener nuevas variedades.

Según Belgian Brewers, una asociación profesional que agrupa a la mayoría de fábricas de cerveza del país, Bélgica es “la única nación del mundo en la que se usan los cuatro métodos de fermentación en la producción de cerveza”.

Gracias al uso de la fermentación alta, baja, espontánea y mixta existen los distintos tipos de cerveza belga.

“En Bélgica tenemos la triple, que en general es una cerveza rubia, pero muy fuerte; la negra, que también suele ser fuerte, y un poco dulce. También está la geuze, que es amarga y se hace por fermentación espontánea. Y dentro de esta tenemos la que llamamos kriek, que se hace por fermentación espontánea con frutas frescas, como la cereza”, comenta Leslie Moreau, responsable de recursos humanos del Delirium Café.

“Pero también tenemos la trappiste, la ámbar, la wit o blanca… hay como siete u ocho tipos de cerveza y multitud de ellas dentro de cada tipo”, sigue explicando Moreau.

“Ahora se está elaborando cerveza con pan duro otra vez. Eso era una tradición en Egipto hace unos 5.000 años. Estoy seguro de que era algo distinto, pero sigue siendo cerveza”, añadió Serusier.

EL BELGIAN BEER WEEKEND

Igual que en Múnich tienen la famosa Oktoberfest, en la Grand Place de Bruselas se celebra desde hace más de 15 años el Belgian Beer Weekend, un festival dedicado pura y exclusivamente a la cerveza.

Las festividades comienzan nada más y nada menos que honrando al santo patrón de la cerveza, San Arnould, con una ceremonia en la Catedral de San Michiels y San Goedele, a la que sigue el nombramiento de los nuevos miembros de la caballería de cerveceros.

El evento, en el que participaron unas 50 fábricas en 2014 y que este año tendrá lugar del 4 al 6 de septiembre, cuenta con cabalgatas de antiguos carros de cerveza, desfiles de distintas confraternidades y bandas creadas en torno a la misma y, cómo no, puestos donde los visitantes pueden disfrutar de un poco de este otro “oro líquido”.

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