El riesgo de que produzcan cáncer es mínimo. Solo debe regularse su ingesta y no generar alarma.

Frente al consumo de carnes procesadas y rojas, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (Iarc), de la OMS, no dijo nada que los médicos y la comunidad general no supieran ya o sospecharan.

Al incluir las primeras en el grupo 1, de agentes que producen cáncer, y a las segundas en el grupo 2A, de probables cancerígenos, de entrada el mensaje puede resultar alarmante; mucho más si viene de una instancia como la Iarc, que ha analizado la solidez de toda la evidencia científica sobre este tema.

Hay que decir, para empezar, que la Iarc no ha inventado nada, solo recalca que comer carne representa un riesgo frente a la posibilidad de tener cáncer, y eso asusta a cualquiera.

Sin embargo, lo que los mensajes, interpretaciones y titulares alarmistas han olvidado decir es que, si bien existe el riesgo, este es muy pequeño visto de forma individual. Basta leer Lancet Oncology, una revista muy seria en esta materia, para saber que consumir 100 gramos al día de carne roja incrementa un 17 por ciento el riesgo de sufrir cáncer de colon o recto, y que consumir 50 gramos al día de carnes procesadas lo aumenta en un poco más.

Esta cifra, valga decirlo, surge de comparar el riesgo de alguien que come carne permanentemente con alguien que no lo hace; en otras palabras, al relativizar estas cifras, la posibilidad de que alguien que come carne constantemente tenga cáncer de colon o recto, comparada con la de quien no come ninguno de estos productos, es de 1,17. Pero para los epidemiólogos, el riesgo empieza a ser importante si es superior a 2 y significativamente si es superior a 4. Para poner un ejemplo: el cigarrillo tiene un riesgo relativo de producir cáncer entre 7 y 17, lo que quiere decir que la probabilidad puede llegar a ser hasta 17 veces mayor.

Como se ve, los dos, tanto el cigarrillo como la carne roja, tienen riesgo, pero el primero es alarmante. El riesgo de las carnes procesadas es un poco más alto que el de las rojas, pero tampoco alcanza a ser 2.

No obstante, hay que reconocer de nuevo que el riesgo existe, por lo que es necesario tener prudencia, pero sin generar alarmas. Para poner un ejemplo práctico, la posibilidad de que alguien sea secuestrado en un centro comercial de Bogotá existe comparado con los que no van, pero es un riesgo tan bajo que no impide que la gente vaya a los centros comerciales.

En el primer caso, como ocurre con las carnes, no hay ninguna razón para dejar de ir a los centros comerciales, simplemente hay que tener cuidado. En cuanto a las carnes, enfrentar el riesgo no quiere decir prohibirlas; conviene más vigilar otros factores de riesgo, como fumar, beber en exceso o tener relaciones sexuales sin protección, que tienen un riesgo altísimo de producir cáncer. Y eso sí hay que evitarlo. En cuanto a las procesadas, se debe moderar su consumo y evitar los excesos.

En otras palabras, la Iarc dijo que la carne tiene un riesgo de producir cáncer, y en eso no dijo mentiras, lo que hay que saber es que ese riesgo es mínimo y en los dos casos, el de las carnes rojas y procesadas, hay que moderar su ingesta, jamás prohibirlas ni generar falsas alarmas.

El mundo sabe que el cigarrillo tiene un riesgo muy alto de producir cáncer, y aun así no lo han prohibido. Insinuar siquiera la prohibición del consumo de carne, como algunos lo hacen, es inconsistente dentro de una lógica técnica-científica.

¡Compártelo en tus Redes!

COMPARTIR