Los celos son un sentimiento extraño que se adueña de una persona cuando cree que su pareja la engaña. Justificados o no, los celos suelen ser parasitarios y dañar la relación. Cada vez que el ser amado mira a otra persona, aunque sea sin intención alguna, provoca la sospecha del celoso.

Pero las razones que conducen a sentir celos no siempre son las mismas en ambos sexos: mientras que la mujer celosa teme que dejen de quererla, el hombre vive los celos como una pérdida de poder. Sin embargo, en ambos casos, los celos son producto de un odio hacia la pareja pero también hacia el hipotético rival.

La mujer, amenaza al acecho

La mujer celosa se pregunta: “¿me quiere como soy?”. Derivados de una falta de seguridad o de un deseo desmesurado de posesión, los celos femeninos se construyen sobre la fantasía de que toda mujer es una rival en potencia. La mujer celosa evalúa a las otras mujeres como cree que lo hace el hombre, y está pendiente de cualquier índice de traición de éste. Su miedo a ser abandonada es tan violento como el deseo inconsciente de dominar al hombre.

El hombre y el ejercicio de poder

El hombre celoso teme por encima de todo que otro pueda tocar a su mujer, que la “posea”. Cuando su compañera despliega su encanto, él se convence de que ésta quiere gustar a los demás y no lo soporta: vive esta agresión imaginaria como una pérdida de virilidad. Aceptaría que su mujer le dejara, pero no que lo hiciera por otro. Y lo más curioso es que, al mismo tiempo, se siente fascinado por ese otro hombre –real o no–, que representa la potencia sexual que a él le han quitado.

Acoso psicológico, violencia física

Las personas celosas, ya sean hombres o mujeres, atormentan a sus parejas, pero lo hacen de modos diferentes.

La mujer celosa busca pruebas materiales: olores inhabituales, papeles en los bolsillos, mensajes telefónicos… Al más mínimo indicio que encuentra en su compañero su actitud se exacerba, lo mismo que su miedo a ser abandonada. Llora, amenaza y se esfuerza por descubrir a su rival, a quien intenta desvalorizar a los ojos de su cónyuge. En fin, ella no duda en cerrarle la puerta a la persona que creía amar y en rechazarle sin más.

El hombre celoso, en cambio, supervisa la apariencia de su compañera y controla su horario, como si ella fuera su apéndice. Toda transgresión de las costumbres provoca una avalancha de preguntas. Él limita la autonomía de su mujer, la aísla de sus amigos y de su familia. Si cree tener una prueba de su traición, puede volverse violento, humillándola o demostrándole su fuerza. La dominará como sea, pero nunca renunciará a ella.

En cualquier caso, se trata de un intento desesperado de sentirse realizado en un amor imaginario, que inevitablemente provoca sufrimiento tanto en el hombre como en la mujer.

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