La escena de un grupo de personas mayores de 60 años pintando patos en una hoja de papel, en un hogar que se encarga de su atención, puso a reflexionar a Catalina Hoffmann, terapeuta ocupacional y especialista en estimulación cognitiva, sobre cómo anular las capacidades que aún tiene esta población, que fue productiva y exitosa en su juventud, aumenta las posibilidades de que esta se enferme.

Con esa inspiración, la terapeuta creó el método Hoffmann. Se trata de un grupo empresarial, registrado como ‘Obra científica en la propiedad intelectual’, que promueve un trabajo rehabilitador y preventivo que aporta beneficios físicos, cognitivos, psicológicos y sociales, especialmente a adultos mayores.

Hoffmann no solo fue seleccionada como una de las 100 mujeres ‘top’ en el tema de liderazgo en España; también fue reconocida por la Universidad de Harvard, por la creación de su método, y recibió el premio Príncipe de Girona (El Príncipe de Asturias de los emprendedores).

“Todo esto lo logré –señala la especialista– con el planteamiento de que el cerebro del adulto mayor es capaz de reaprender, mejorar y frenar el deterioro”. La experta en terapia con adultos mayores visitó el país para traer su método, que será tenido en cuenta por aseguradoras y también en la academia. Las siguientes son algunas recomendaciones que ella hace para mantener vital al adulto mayor.

La soledad afecta la salud mental en la vejez

Después de analizar los datos de más 8.300 personas mayores de 64 años, un estudio concluyó que la soledad y la depresión están vinculadas con un aumento del riesgo de deterioro mental en la vejez.

La investigación, recientemente presentada en la Conferencia Internacional de la Asociación del Alzhéimer (Alzheimer’s Association) en Washington, D. C., concluyó que el deterioro mental fue un 20 por ciento más rápido para quienes estaban más solos o con depresión.

El estudio estima que estos casos están asociados con un aumento de la tasa de deterioro cognitivo a lo largo de 12 años.

A aprovechar su experiencia

Integre al adulto mayor como una parte activa del entorno. Una buena forma de hacerlo es incentivándolo para que siga aportando desde aquello a lo que se dedicó toda la vida, porque seguramente tiene un gran capital de experiencia y sabiduría que no se puede simplemente dejar guardado en un cajón. Lo importante es que estas personas sientan que con lo que han hecho de alguna manera pueden dejar un legado o participar en la sociedad. En España han puesto en práctica los “consejos de sabios” para que ellos hagan sus aportes. Por ejemplo, un libro de cocina, si esa es su pasión o especialidad, incluso dictar charlas o talleres de aquello que les permitió ganarse la vida. El conocimiento no se puede perder.

Otra manera de integrar a los abuelos es, si existe la posibilidad, su vínculo con los nietos. Ellos valorarán todas las enseñanzas que puedan recibir de los mayores de la casa.

Seguir rutinas y aprender

El adulto mayor debe tener una rutina: despertarse a la misma hora, comer y cumplir su horario como si estuviera trabajando. Esta persona debe contar con que hay una hora del día en la que la llaman y un día de la semana en que la visitan, porque la soledad es una de las situaciones que más afecta a los mayores. Por otra parte, tiene que haber actividades físicas, que estimulen lo cognitivo, sin menospreciar las habilidades de este grupo de la población. De hecho, aprender algo nuevo nunca será tarde para este grupo. Una buena actividad en recreación es llevarlos a pasear por una ciudad, a un museo o a un concierto, porque la música es una de las cosas que generalmente esta población disfruta mucho.

Uno de los ejercicios físicos más recomendados para el adulto mayor es caminar, porque permite hacer contacto con el suelo y activar la creación del calcio en los huesos. Otros ejercicios pueden ser complementarios, pero se deben tener precauciones con las rodillas, que a medida que pasan los años se siguen afectando.

Sortear los peros de la edad

Una de las complicaciones del envejecimiento es el trauma de los cambios físicos y emocionales que se experimentan. Pese a las arrugas y al deterioro de algunas habilidades físicas, el cuidado personal no se puede olvidar y eso quiere decir arreglarse, vestirse como siempre les gustó y, en el caso de las mujeres, hasta maquillarse, sin importar los años. La idea es que traten de hacer cosas nuevas, de conocer otra gente y de mantener una buena alimentación. Si la preocupación de una persona es su dieta, porque sufre de hipertensión o diabetes, por ejemplo, hay que tratar de buscar fórmulas alternativas que hagan sentir mejor al adulto y le permitan comer rico y saludable.

Una opción para la restricción de sal en los hipertensos es poner más especias a la comida, de manera que tengan más sabor. Si la persona pierde el deseo de hidratarse porque el agua no le gusta debe buscar alternativas, como la gelatina o los jugos. El desorden del sueño, común en estas edades, se puede aliviar con la práctica regular de ejercicio, el consumo de alimentos livianos antes de ir a la cama y una menor ingesta de bebidas en la noche.

No tratarlos como niños

Para muchos es difícil ver cómo su papá o su mamá pierden el ánimo con facilidad o las ganas de socializar, como lo hacía antes con sus amigos, hijos y nietos. En medio de esta situación muchos deciden tratarlos como si fueran niños, otra vez: dándoles órdenes o regañándolos. Al adulto mayor no se le puede pedir que haga algo “simplemente porque yo lo digo”. La fórmula, según el método Hoffmann, es hacerle entender a esa persona que lo que hace lo está perjudicando. Esfuércese por ayudarle a saber que vive una etapa natural de la vida, pero que con quienes lo rodean van a trabajar para estar mejor.

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