¿Cuántas veces has leído o escuchado noticias de este estilo: “Nuevo estudio muestra que tomar vino puede doblar el riesgo de desarrollar cáncer”?

Son comunes: alguien hizo un estudio y los resultados arrojaron que algo que nos gusta comer, beber, hacer doblan, triplican, cuadruplican el riesgo de que nos pase algo terrible.

Y, titulares de ese tipo desesperan “hasta el punto de gritar en silencio” a expertos como la doctora Margaret McCartney.

¿Por qué?

“¡Porque para que tenga sentido, uno tiene que saber cuán riesgoso se pensaba que era en primer lugar!”, exclama McCartney, a quien la BBC invitó junto con Carl Heneghan, catedrático de Medicina basada en evidencia de la Universidad de Oxford, para que nos aclararan conceptos científicos con los que nos topamos los que no somos especialistas.

Prohibido tomar vino

La doctora señala que lo que más le interesa saber ante una información así es lo que se conoce como “riesgo absoluto”: “ese es el que la gente siempre debe buscar”.

Aprovechando el ejemplo del vino, explica: “Supón que una copa de vino puede aumentar el riesgo y lo deja en 10 de 100. Eso significa que pasó de 5% a 10%. Efectivamente lo dobla, pero sigue siendo un riesgo bajo en general”.

“El problema con el riesgo relativo es que uno puede decir que se dobló, triplicó o cuadruplicó sin que eso signifique que está hablando de cantidades significativas. Por eso hay que preguntarse cuál es el riesgo absoluto, cuál es el porcentaje, cuál es el número en términos de cuántos de cien o de mil, para entender realmente de qué se está hablando”, explica McCartney.

Hace unos 20 años…

anticonceptivas“Un buen ejemplo fue el furor que causó un titular sobre la píldora anticonceptiva y trombosis venosa profunda”, recuerda Heneghan.

“El titular era ‘la píldora dobla tu riesgo’… y las mujeres de repente dijeron que la iban a dejar de tomar. Pero la pregunta clave era cuál era el riesgo de base”, enfatiza.

Resulta que si se trataba de una mujer en edad de procrear, el riesgo de base era alrededor de 15 en 100.000 de sufrir de trombosis venosa profunda.

Si el riesgo se doblaba por usar el anticonceptivo, eso implicaba que era de 30 en 100.000. Así que el aumento absoluto era bajo.

“Y resulta que si esa mujer dejaba de tomar la píldora y quedaba embarazada, su riesgo de sufrir de trombosis venosa profunda se multiplicaba por cuatro: 80 en 100.000”, resalta Heneghan, y aconseja que “siempre, siempre, cuando alguien te diga algo usando una medida relativa, pregunta cuál es la absoluta”.

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