«Es importante que la educación afectivo sexual esté enfocada desde lo positivo, nunca desde lo negativo», asegura la psicóloga infantil Silvia Álava en su libro «Queremos que crezcan felices.

De la infancia a la adolescencia (de 6 a 12 años)». «Los niños tienen que aprender a aceptarse y a estar a gusto tanto con su cuerpo, como con su forma de ser y actuar», añade Álava, también directora del área infantil en el Centro de Psicología Álava Reyes. Y, ¿cuál es el mejor momento para comenzar a hablarles sobre la sexualidad? «La mayoría intenta retrasar este tema el máximo tiempo posible e incluso optan por evadir las preguntas de los niños, pero no deberían. En mi opinión, lo mejor es comenzar esta educación antes de que los niños lleguen a la adolescencia, ya que en esas edades la figura del padre y de la madre cambia para ellos y tienden a prestarles menos atención. Es algo de lo que se les debe hablar desde que son pequeños, y sobre todo hay que intentar tratar el tema con toda la naturalidad posible», advierte esta experta. «Los niños quieren saber todo acerca del mundo que les rodea y hacen preguntas que nos pueden resultar difíciles de responder, por ejemplo ¿cómo entró el bebé en la tripa de mamá?».

Estos son los consejos de Álava para que los padres sepan aclarar las dudas de los pequeños y poder responder a sus comprometidas preguntas:

—Se deben afrontar las preguntas con la misma naturalidad con la que nos las plantean ellos.

—La claridad y la brevedad son dos premisas fundamentales para que el niño no se aburra.

—Es importante analizar la edad para saber adecuar el lenguaje con el que debemos responderle.

—No es adecuado que el niño aprecie que el adulto se pone nervioso, ya que este tema le parecerá mucho más llamativo.

—Una buena táctica es preguntarles qué opinan ellos, porque de esta forma conoceremos el nivel de información que tienen.

Errores habituales:

1. Evitar los besos, caricias y abrazos. El contacto corporal es importante para poder desarrollar una sexualidad sana.

2. No nombrar las cosas por su nombre. Los niños tienen que conocer su cuerpo y aprender cómo se llaman las diferentes partes de la anatomía. Hay que utilizar con naturalidad las palabras como pene, testículos, vagina o vulva.

3. No contestar a sus preguntas. Si ven que sus padres no satisfacen su curiosidad, buscarán por otros canales (que pueden ser menos recomendadas).

4. Mentirles. Si no sabemos la respuesta debemos admitirlo, pero evitando siempre las mentiras.

5. No respetar los silencios. Hay que respetar el pudor de los niños, sin insistir ni presionar.

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