Mucho se ha escrito de George Harrison, el guitarrista de The Beatles.

En particular sobre sus desesperados esfuerzos por componer piezas sin dejarse intimidar por el talento arrollador de la dupla Lennon/McCartney.

Así que luego de la separación del grupo en 1970, se esperaba un estallido musical de George como solista. Sin embargo esto no ocurrió.

Peor aun, como autor se vio involucrado en un publicitado escándalo donde se le acuso de plagio, lo cual puso en evidencia un lado inesperado de su vida: Harrison sufría de criptomnesia, para entonces una rara enfermedad que gracias al músico se dio más a conocer.

¿Pero que es que?

Recuerdos ocultos

El término fue acuñado por el psicólogo Theodore Flournoy (1854 – 1921) y de acuerdo con el Diario Británico de Psiquiatría, criptomnesia significa la existencia de recuerdos ocultos en la conciencia. Es decir, que la persona no sabe que los tiene y no recuerda de donde los obtuvo o se generaron.

Carl Jung, psiquiatra

“Originalmente fue asumido que los recuerdos ciptomnésicos solo podían ser rememorados en estados alterados de conciencia. Hoy en día, el término se aplica para describir la aparición de recuerdos en estado normal de conciencia, los cuales no son reconocidos por el sujeto”, dice el Diario Británico de Psiquiatría.

Esto suele ser una fuente continua de bochornos, pues al producirse en situaciones sociales la persona suele dar noticias que ya han sido anunciadas por ella misma con anterioridad.

La criptomnesia en consecuencia es causal de casos de plagio, “especialmente cuando recuerdos lógicos ya no son reconocidos como tales, sino como experiencias que han sido creadas al momento”, dice el medio especializado de Reino Unido.

Plagio por enfermedad

La página web The Skeptic’s Dictionary reseña que el primer caso reportado de criptomnesia ocurrió en 1874, y fue protagonizado por William Stanton Moses, un médium que, durante una sesión para comunicarse con espíritus, dijo haber hecho contacto con dos hermanos que habían muerto recientemente en India.

El ex Beatles George Harrison

“Las muertes fueron verificadas, pero una investigación posterior demostró que el obituario de los hermanos había sido publicado seis días antes de la sesión, incluyendo toda la información reportada por el médium”, dice The Skeptic’s Dictionary.

De acuerdo con el reconocido psiquiatra Carl Jung, en el campo artístico, en especial en la literatura, las características de este tipo de plagio se revelan en la repetición de tendencias generales de una historia, incluyendo detalles importantes, expresadas con frases diferentes del texto original.

Está el caso de Kaavya Viswanathan, autora de un libro por el cual fue acusada de plagiar 29 pasajes provenientes de otro libro escrito por Megan McCafferty.

Según la publicación Slate, Viswanathan reprodujo los pasajes de manera inconsciente e involuntaria, gracias a su memoria fotográfica. Ella almacenó esa información en su memoria y, al parecer, la hizo “suya” con el transcurrir de los años.

También sobresale el episodio de Helen Keller, reconocida escritora estadounidense sorda y ciega.

Cuando ella tenía 11 años de edad escribió un cuento titulado El Rey Congelado, que fue publicado en la revista de su escuela y reseñado por los medios locales. No obstante, a medida que el cuento atrajo mayor atención, muchos empezaron a detectar que se trataba de una reedición de otro cuento, El Hada Madrina Congelada, escrita por Margret Canby”, señala la página PlagiarismToday.com.

El caso de Harrison es representativo. Siempre argumentó que cuando escribió “My Sweet Lord” nunca pretendió copiar la canción “He’s so fine”, el gran éxito del grupo estadounidense The Chiffons en 1963. Para él simplemente no había registros de la otra canción y dijo en esa ese momento que otros artistas habían sido fuente de inspiración cuando compuso su pieza.

PlagiarismToday.com da cuenta que la acusación generó un juicio por violación de propiedad intelectual donde Harrison fue obligado a pagar más de US$1,5 millones a BrightTunes, dueño de la canción original.

El presidente Ronald Reagan

Según la página Wikia, otro de los ejemplos ampliamente citados involucra al ex presidente Ronald Reagan. “Durante su campaña presidencial en los 80’s, Reagan contó una historia desgarradora acerca de un piloto de la Segunda Guerra Mundial que ordenó a su tripulación saltar en paracaídas porque el bombardero estaba dañado.

Un artillero fue herido y no podía saltar. Reagan, apenas conteniendo las lágrimas, recordó la promesa heroica del piloto: “No importa. Iremos hacia abajo juntos”.

Un recuerdo muy emotivo, excepto por un pequeño detalle… tal evento nunca sucedió en la vida real: es el final de la película Wing and a Prayer (Henry Hathaway, 1944)”.

Tabú e investigación

Estudios advierten que en algún momento de la vida todos sufrimos de criptomnesia parcial. Como cuando le contamos a alguien un chiste que esa persona nos había contado con anterioridad.

Aunque sabes que no eres el autor original del chiste, olvidaste de donde vino y quien te lo contó.

Hombre preocupado por olvidar algo

En todo caso permanece como un tema de debate entre los académicos, un debate reciente por cierto, dado que en sus principios la criptomnesia estuvo vinculada con el estudio de experiencias de vidas pasadas, lo cual la relegó a campos de investigación poco ortodoxos y fue considerado un tema tabú.

Otro problema para el estudio de esta enfermedad y su tratamiento es que es muy sencilla de fingir, por lo que es difícil comprobar que un caso de plagio no provenga de criptomnesia.

A pesar de ello, es un tópico que está ganando mayor terreno en el mundo académico, debido al impacto que puede tener en el área de propiedad intelectual.

“La criptomnesia probablemente juegue un rol muy pequeño en los casos de plagio. Sin embargo, investigaciones demuestran que el número puede ser más alto de lo que previamente se había pensado, sobre todo cuando se producen en situaciones donde el individuo no tiene contexto de la información original”, concluye PlagiarismToday.com.

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