Imaginar la vida sin petróleo ahora es casi imposible, pero la transición a la era de los combustibles alternativos ya ha comenzado. ¿Qué problemas acompañará esta transición? ¿Cómo hacerla menos difícil? ¿Como será este mundo sin petróleo?

Para responder a estas preguntas la revista ‘Secret’ ha recopilado los fragmentos más destacados del libro ‘El petróleo’ de Gavin Bridge y Philippe Le Biyon, que describe la transformación de la industria y predice su fin.

Dificultades de producción

Durante los últimos 150 años se han extraído alrededor de 1,3 billones de barriles de petróleo, y más de la mitad de esa cantidad se extrajo después de 1989. Al mismo tiempo, las reservas mundiales de petróleo se han incrementado durante el periodo de 1990 a 2010 en un 38% y ahora representan 1,4 billones de barriles. Esta aparente paradoja se explica por el hecho de que las reservas descubiertas de petróleo (en comparación con la cantidad total de petróleo en los yacimientos) no son constantes y varían en función del estado de los conocimientos geológicos y la tecnología, factores políticos y el desarrollo de la industria petrolera, que también busca otras reservas. No obstante, esta búsqueda del petróleo tradicional se está volviendo cada vez más difícil.

Asi, el crecimiento de las reservas de crudo fuera de los países que pertenecen a la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) prácticamente ha cesado y la capacidad de aumentar la producción en los campos petroleros del Oriente Próximo, donde se encuentra el 54% de todas las reservas probadas (800.000 millones de barriles) presenta dudas cada vez más serias.

Los expertos también destacan el cambio de la calidad de las reservas. Con el agotamiento de las reservas del petróleo ligero más valioso aumentan las del crudo pesado de menos calidad que es más difícil de extraer y procesar. Además, se cree que su uso implica mayores niveles de emisiones de gases de efecto invernadero y otras sustancias nocivas. Por último, hay un giro hacia las llamadas fuentes no convencionales de petróleo, que se espera que para el 2035 proporcionen aproximadamente el 15% de las fuentes de consumo.

Crecimiento de la demanda y de las dificultades de extracción

La demanda mundial de petróleo sigue creciendo. Durante la última década, el consumo de petróleo se ha incrementado en un 14% a pesar de la crisis económica de los últimos tres años. Sin embargo, este crecimiento global oculta considerables cambios en la geografía del consumo. El centro de gravedad económica del mundo se está desplazando de América del Norte y Europa hacia Asia y el Pacífico, de manera que el crecimiento del mercado del petróleo también mira hacia oriente.

Así, las compañías petroleras nacionales y productores independientes se ven obligados cada vez con más frecuencia a buscar acceso a las reservas de petróleo en tierras ajenas y a negociar las condiciones con sus Gobiernos. El equilibrio de fuerzas que intervienen en esta lucha por los recursos, por su parte, está determinado por los altibajos de los precios del petróleo, por si se trata de búsqueda de petróleo o de su producción, así como por el predominio de ciertos enfoques sobre el desarrollo económico y el papel del Estado. Por todo esto, la cuestión del acceso a los recursos nunca llega a una decisión final y es considerada como uno de los aspectos más controvertidos de la red de producción de petróleo.

Las consecuencias de la reducción de los recursos

Los optimistas aseguran que el volumen de reservas probadas de petróleo ha alcanzado un máximo histórico, que el número de países productores de petróleo está creciendo, que las reservas de recursos disponibles no convencionales son extensas y que el gas natural podría sustituir al petróleo como combustible para el transporte. Sin embargo, los pesimistas señalan que el petróleo es un recurso no renovable, alarman de una desaceleración significativa en el descubrimiento de nuevos yacimientos, las limitaciones técnicas de las fuentes no tradicionales y sobre los efectos ambientales perjudiciales de su desarrollo, así como sobre el rápido crecimiento de la demanda en Asia.

En la actualidad, solo 35 países son exportadores netos de petróleo, y lo más probable es que este número se reduzca en las próximas dos décadas, cuando los países con pequeños volúmenes de producción agoten sus depósitos y la demanda de los propios productores de petróleo crezca.

El futuro del petróleo

Muchos hablan ya sobre “el fin del petróleo”. Sin embargo, es demasiado pronto para escribir el epitafio de esta fuente de energía ya que, de acuerdo con los especialistas, se prevé que la extracción subterránea será capaz de proporcionar más de un billón de barriles de petróleo. No obstante, los intentos de superar la escasez de la oferta y garantizar la seguridad del oro negro en un mercado cada vez más competitivo solo tendrán éxito en caso del acceso al petróleo no convencional (arenas bituminosas, por ejemplo) y a las fuentes tradicionales en lugares no convencionales.

Los expertos señalan que algunos Estados productores no se darán por vencidos ante la situación actual, mientras que otros estimarán que la seguridad se encuentra en la reducción de la dependencia del petróleo y en nuevas oportunidades económicas. Estas diversas estrategias de adaptación en conjunto darán lugar a reordenamientos en una geografía de desarrollo desigual asociado a la red mundial de producción de petróleo.

Futuro sin petróleo

Últimamente el uso del petróleo como combustible es menos atractivo y más cuestionable debido a que su producción requiere cada vez mayor volumen de emisiones de dióxido de carbono. Algunos mercados maduros, por su parte, ya no reúnen muchas de las condiciones que les habían asegurado el dominio del petróleo como combustible. Los precios se mantienen en un nivel alto, los combustibles alternativos (como el gas utilizado para la calefacción y electricidad) son cada vez más accesibles y competitivos en términos de precios y además muchos Gobiernos han elevado significativamente los impuestos sobre el combustible.

De acuerdo con los autores del libro, la “gran transición” hacia una nueva economía en la práctica dividirá el mundo en ‘libres’ y ‘adictos’ al petróleo. Sin embargo, no se excluye que esta transición parcial y geográficamente desigual pueda llevar a los consumidores y productores a la falta de estímulo para mejorar la reputación del petróleo. Por otro lado, muchos países y comunidades pobres rechazarán el crudo ya que simplemente no podrán permitírselo.

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