Hace ya algunos años que se rumora sobre la posibilidad de que la vida sobre la tierra vea su fin tras un desastre nuclear, por supuesto ocasionado por el hombre, y en donde los únicos sobrevivientes serían las cucarachas y Cher.

Pues bien, para desconsuelo de ambas, científicos especialistas en diversas áreas decidieron investigar más a fondo sobre las verdaderas posibilidades que los diversos organismos tienen de sobrevivir a la hecatombe, descartando con base la tan reconocida expresión, ya que Cher resultaría ser sólo un poco más resistente a la radiación que los perros y ciertamente menos que el público que se le auguraba, sin embargo, las cucarachas también terminarían por ser exterminadas.

Dicha investigación está otorgando los méritos a quienes sí podrán sobrevivir ante semejante debacle, encontrándose hasta ahora ciertas especies microscópicas que podrían ser el futuro evolutivo para la recuperación de la vida después de un desastre nuclear.

El Thermococcus gammatolerans es un microorganismo de vida libre que hasta ahora ha podido sobrevivir sin núcleo celular y a una capacidad de radioactividad 20 veces superior a la expelida en el fatídico accidente de Chernóbil, mientras que el Deinococcus radiodurans, bacteria ganadora del record Guinnes por ser la más resistente del mundo, gracias a su alta capacidad como poliextremófila, es decir, vive en distintos tipos de condiciones extremas, es considerada como una candidata con muy alto potencial para sobrevivir a la radiación de cualquier tipo de desastre.

Otro posible sobreviviente es el tardígrado Milnesium tardigradum, quien no sólo ha demostrado ser un campeón en supervivencia ante la radiación y el frío extremo de los glaciares del antártico, sino que también es un astronauta experto que puede soportar el vacío del espacio por tal vez más de 200 años, lo que me hace pensar que podría ser excelente que nos diera su receta antienvejecimiento.

Una verdadera esperanza para el futuro la brinda una especie de avispas parásitas del orden de los Bracónidos, quienes fueron capaces de sobrevivir a una exposición nuclear equivalente a Chernóbil a 300 m de distancia de la fuente de origen.

Esperemos que por ahora a nadie se le ocurra iniciar un desastre nuclear desde su casa, como recurso para combatir las cucarachas, y que Cher por su parte siga manteniéndonos tan a gusto con sus canciones como sólo ella sabe hacer, mientras los científicos siguen buscando más posibles sobrevivientes.

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