Con la venta de los bonos de EE.UU., China está provocando una gran grieta en la economía global dolarizada, otro ejemplo más de que el gigante asiático no pretende vivir en un mundo dominado por el dólar, consideran algunos expertos.

Pekín es el mayor tenedor extranjero de la deuda estadounidense, que asciende a unos 1.300 billones de dólares. Esta cantidad es más que significativa, por lo que cualquier movimiento brusco podría ocasionar un incremento de los costes financieros de EE.UU., comentó el jefe del centro analítico ruso-chino Serguéi Sanakoyev en una entrevista con el diario ‘Pravda‘.

“Este año, China ha vendido algo más de 100.000 millones de dólares de bonos estadounidenses que acumula. Es decir se está desprendido de papeles de deuda del Gobierno estadounidense, y al mismo tiempo causa un enorme daño a la economía dolarizada, y al dólar en general”, dijo Sanakoyev.

El comercio del gigante asiático con el mundo ha alcanzado 4 billones de dólares. “A China le deben prácticamente todos; Europa, África, América Latina, los países de Asia Central, entre otros”, agregó el experto.

“Varias circunstancias significativas se han producido últimamente. La acumulación de oro que está haciendo China, es un síntoma de la escasa fiabilidad que empieza a despertar el valor fiduciario de la moneda de reserva mundial que es el dólar. El oro es el enemigo público número uno del dólar y de sus bonos del tesoro. Es el primer síntoma del cerco a la moneda estadounidense”, señaló por su parte el columnista Raúl Castillo en su artículo del diario ‘ABC‘.

Destierro del dólar del comercio internacional

Asimismo, China y Rusia están despojando activamente al dólar del comercio internacional, inversiones, transacciones y reservas de bancos centrales. Solo el año pasado estas dos naciones alcanzaron un acuerdo permuta financiero por valor de 150.000 millones de yuanes (unos 25.000 millones de dólares).

Pero además, las autoridades chinas han anunciado su disposición a ampliar su mercado, para lo que financiará proyectos comunes con Moscú en el marco de la Ruta de la Seda, que consiste en una línea ferroviaria que unirá a Pekín con la capital rusa. El gigante asiático prevé concretar también otras rutas, tanto terrestres como marítimas, que lo unan con Europa, África y el resto de Asia.

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