Cebollas enriquecidas en zinc, son las nuevas armas diseñadas por investigadores de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid, en España, para combatir la deficiencia de este mineral en la dieta y con ello la llamada malnutrición mineral.

La falta de vitaminas y minerales esenciales que el cuerpo requiere para crecer y desarrollarse apropiadamente, es un problema que según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), afecta hasta a un tercio de la población mundial.

El zinc, de acuerdo con la Oficina de Suplementos Dietéticos de los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU., es un nutriente que las personas necesitan para estar sanas y que se encuentra en las células de todo el cuerpo. Ayuda al sistema inmunitario a combatir bacterias y virus que invaden al cuerpo. El organismo también necesita zinc para fabricar proteínas y el ADN, el material genético presente en todas las células. Durante el embarazo, la infancia y la niñez, el organismo requiere zinc para crecer y desarrollarse bien. El zinc también favorece la cicatrización de las heridas y el funcionamiento normal del sentido del gusto y el olfato.

Este oligoelemento se encuentra en segundo lugar sólo después del hierro por su concentración en el organismo. Su deficiencia en la alimentación puede causar entre otras cosas: pérdida del apetito y del gusto, alopecia, lesiones en la piel o crecimiento lento.

Para lograr la biofortificación, de acuerdo con información difundida por la institución académica, los investigadores estudiaron los efectos de diferentes fertilizantes de zinc, de origen sintético y natural, en cultivos de cebolla bajo condiciones de invernadero.

Dependiendo de las características de los suelos y de los complejos orgánicos aplicados, las cebollas obtenidas llegaron a tener hasta cuatro veces más contenido de zinc que cuando no se aportó zinc al cultivo, por lo que serían una buena fuente para satisfacer la ingesta diaria recomendada por el Consejo Nacional de Investigaciones de Estados Unidos (NRC, por sus siglas en inglés).

La biofortificación agronómica a través de la fertilización aplicada sobre suelos, semillas y/o hojas ayuda a aumentar el contenido en nutrientes de los cultivos sin modificar la composición genética de los mismos.

Durante el estudio se determinó la efectividad de 8 complejos orgánicos de zinc y la eficacia de las distintas fuentes se evaluó principalmente en términos de rendimiento y de concentración de zinc en planta, aunque también se estudiaron otros parámetros como el contenido en carotenoides y clorofila. Se examinaron, además, las concentraciones de zinc que quedaron en el suelo después del cultivo y a qué fracciones del suelo se encontraba asociado el micronutriente, así como la influencia de diferentes parámetros del suelo como el grado de acidez.

El trabajo fue publicado en la revista Scientia Horticulturae.

El zinc se encuentra presente en muchos alimentos, entre ellos: ostras, carnes rojas, carnes de ave, mariscos como cangrejo y langosta, y cereales para el desayuno fortificados, frijoles, frutos secos, cereales integrales y productos lácteos.

En el Egipto antiguo la cebolla era símbolo de vitalidad y se tomaba como “remedio que lo cura todo”. Durante la Edad Media se utilizaba como forma de pago y como regalo de bodas. Sus cualidades terapéuticas demostraron ser muy útiles para aliviar enfermedades infecciosas como el tifus, la cólera y las pestes. Asimismo, durante la Segunda Guerra Mundial se usaron los vapores de la pasta de la cebolla, para aliviar los dolores y para ayudar a la cicatrización de las heridas.

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