Acostado en un sofá y mirando al techo en una habitación de un tercer piso del hotel Commodore de Nueva York, Paul Lehrer intentaba relajarse.

Pero Lehrer recuerda que “no era la situación más ideal”. No se escuchaba una música suave de fondo, no había aromaterapia o luces tenues.

Lo que había era mucho ruido. Debido al calor, las ventanas estaban abiertas y entraba un aire lleno del humo de los autobuses y camiones.

Los oídos de Lehrer zumbaban con el estruendo de la construcción al otro lado de la calles, donde estaban erigiendo un nuevo rascacielos; y debajo podía escuchar el bullicio de la Grand Central Station.

Lo peor de todo es que cada pocos minutos un hombre mayor entraba a la habitación para reprenderlo porque no se estaba relajando correctamente.

Era 1973 y Lehrer, un psicoterapeuta, estaba allí para ser tratado y ser entrenado por un doctor de 85 años llamado Edmund Jacobson.

Hacía 44 años, en 1929, que Jacobson había publicado un libro llamado La Relajación Progresiva, que detallaba el procedimiento para eliminar la tensión muscular.

Debido a que los ejercicios en el libro estaban diseñados para liberar presión -era tanto psicológico como físico- el trabajo de Jacobson hizo que hubiera un auge en la utilización de la palabra “relájarse”, en el sentido de “estar menos tenso, ansioso o estresado, tranquilo”.

En el libro, Jacobson pide a los pacientes que tensen sus músculos y los liberen lentamente prestando mucha atención a las sensaciones de las pequeñas cantidades de tensión residual.

Edmund Jacobson

La idea es que después de mucha práctica pudieran detectar cualquier tensión y trabajaran para eliminarla.

Más importante que el sueño

Jacobson escribió que el cuerpo del hombre era “un instrumento maravilloso”. “Necesita aprender a manejarlo correctamente, de la misma forma que necesita aprender a conducir bien un auto”.

Él exigía que quienes estaban aprendiendo su técnica la practicasen una hora al día. Y si estos le decían que no tenían tiempo, les contestaba que se levantaran una hora antes, puesto que sus ejercicios eran más importantes que el sueño.

Esta idea, que los ejercicios pueden ser más beneficiosos que el puro descanso, era relativamente nueva en el mundo occidental.

La razón del cambio fue la creencia generalizada de que la vida moderna estaba poniendo especial presión en el cuerpo.

“Una narrativa muy repetida en la literatura es que, con la llegada de la modernidad, los ritmos comunes y naturales como día y noche, estaciones y días festivos fueron reemplazados por unos que no eran naturales que dañan la economía energética de las personas e incluso las estructuras comunales”, explica Anna Schaffner, autora de Exhaustion: A History (Una historia del agotamiento), que será publicado el año que viene.

Siglo XX

Las especificaciones de estos achaques de la modernidad variaron a medida que el siglo XX fue progresando.

En 1903, el ensayo “La metrópolis y la vida mental” del sociólogo alemán George Simmel examinó los efectos de la vida urbana en el intelecto.

Más tarde, los expertos se centraron en los efectos del transporte rápido y la cambiante tecnología, un tema que se todavía se repite hoy en día.

“Muchos discutían que las nuevas tecnologías nos habían esclavizado de tal forma que estábamos constantemente ‘encendidos’, sin nunca poder descansar adecuadamente”.

El éxito de ventas de Herbert Benson, “La respuesta de relajación”, tenía una larga lista de dolencias modernas, que iban desde las inseguridades en el trabajo y el rápido cambio del papel de la mujer en la sociedad hasta el siempre presente miedo a la repentina aniquilación nuclear.

El resultado, escribió Benson, era que nuestro mecanismo innato de reacción de “luchar o huir” estaba trabajando a toda marcha, originando una “epidemia” de hipertensión.

Jacobson vs Schultz

Sin embargo, el debate sobre si estas ansiedades fueron justificadas sigue estando abierto.

“Siempre hemos tenido agotamiento, desde el principio de los tiempos”, señala Schaffner. “Lo que cambia es lo que nos decimos sobre sus causas”.

La relajación progresiva de Jacobson era solo una de las terapias que surgieron para tratar con el problema percibido.

Una técnica rival desarrollada por el psiquiatra alemán Johannes Schultz, “entrenamiento autógeno”, requería que los pacientes adoptaran ciertas posturas y visualizaran una imagen relajante dos o tres veces al día.

Hombre estresado

Jacobson y Schultz discrepaban vehementemente sobre la relajación, y cuando Schultz visitó Estados Unidos en los años 30 no se produjo un encuentro.

Schultz trabajaba para la Sociedad Médica de Psicoterapia de Alemania, una organización fascista dirigida por el primo de Hermann Goering, y Jacobson dijo más tarde que Schultz se había negado a cenar con él porque era judío.

La estricta técnica de relajación de Jacobson sería más tarde modificada por otros especialistas.

Algunos incluían ejercicios musculares, pero en vez de hacer que los pacientes explorasen la sensación de tensión, hacían énfasis en la sensación de alivio al estirar los músculos.

Otros terapeutas eliminaron la necesidad de los pacientes de estar atentos a las sensaciones de tensión utilizando dispositivos para medir la actividad muscular, los niveles de sudor y el ritmo cardíaco.

Descubrieron que, ya sea de forma consciente o inconsciente, los pacientes respondían a esta información ajustando sus niveles de estrés.

De relajación a concientización
YogaEl yoga se extendió masivamente durante el siglo pasado.

En la actualidad, las aplicaciones de salud y para estar en forma son, de alguna forma, una versión desarrollada de una máquina llamada “neurovoltímetro integrador” inventada por Jacobson en 1940.

Entre tanto, durante todo el siglo XX, la práctica de yoga en el mundo occidental pasó de ser una actividad nicho, realizada por aquellos interesados en la espiritualidas oriental, a un ejercicio secularizado con un gran interés de las masas.

Para Suzanne Newcombe, historiadora de yoga de la London School of Economics, fe la publicación del libro “La respuesta de relajación” de Benson lo que realmente hizo de la “relajación” una palabra de moda, de la misma forma que ahora es “concientización”.

De hecho, los enfoques tienen algunos puntos en común.

Benson era un cardiólogo que se había convencido de los beneficios de las técnicas de meditación trascendental para la salud física, e instruyó a los pacientes para que adoptaran actitudes pasivas y mantuvieran un pensamiento o palabra en sus mentes durante largos períodos.

“Esencialmente, lo que hizo fue lograr que las personas cerraran sus ojos y dijeran la palabra ‘uno’ antes de exhalar”, dice Paul Lehrer.

“Hizo que prestaran atención a su respiración y relajación. Ahora tenemos a gente que hace trabajos en meditación consciente, en la que se pide prestar atención a cómo se siente la respiración, la ropa y el suelo. Esto es lo que hacen los budistas Zen”.

Experimento con curare

Sin embargo, Edmund Jacobson nunca dejó de creer que todos los tipos de estrés -incluso todo pensamiento- estaban manifestados en los músculos del cuerpo.

Pero su querida e influyente idea recibió un duro golpe cuando en 1966 un joven psiquiatra de Harvard, llamado Lee Birk, realizó un experimento extraordinario.

Hombre meditando

Birk se administró una dosis de curare, el extracto de una planta que algunas tribus indígenas sudamericanas utilizan como veneno en las puntas de sus lanzas, cuyo efecto corta la habilidad del cerebro de controlar los músculos. Por lo tanto, quedó completamente paralizado y necesitado de ventilación artificial.

En este estado, Birk demostró dos cosas. Primero, gracias a un dispositivo que le mostraba su ritmo cardíaco y niveles de sudor, pudo controlarlo con tan solo el esfuerzo mental.

Y segundo, el hecho de que durante el experimento se sintiera aterrorizado demostró que la tensión muscular no era necesaria en una experiencia de ansiedad.

Para Lehrer, el experimento de Birk es sorprendente, pero no significa un golpe definitivo a las técnicas que aprendió en el hotel Commodore en 1973, que todavía utiliza junto con otras terapias.

Es cierto, los músculos no siempre juegan un papel en la relajación, pero algunas veces lo hacen para algunos pacientes.

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