María Lionza

Este culto se origina en una leyenda que asegura que María Lionza o Yara, una princesa indígena perteneciente a la etnia Nivar, fue raptada por una anaconda que se “enamoró” de ella. Recobró su libertad gracias a los espíritus de la montaña y luego fue nombrada como la reina de las aguas y del amor, además de madre protectora de la naturaleza.

Rendir culto a María Lionza es una manifestación religiosa muy importante y autóctona de Venezuela. Incluso se afirma que se trata de una religión integradora. Ella, la reina, profesa y encarna la protección de la naturaleza.

Todo este culto está relacionado con la sanación mediante conocimientos naturales ancestrales, así lo explica Soledad Vázquez Armella, quien dirige la fundación Madre Lionza.

Si bien no hay documentación oficial que hable de la existencia de esta reina, hay apuntes de los colonizadores fechados de 1550 en donde se menciona a Yara. Aunque es un culto que se conoce desde aquella época, se hizo popular en los años 60 gracias a Beatriz Veit-Tané, una sacerdotisa que fomentó la imagen de la diosa indígena y la transformó en el símbolo de la resistencia ante los conquistadores.

El panteón lo encabeza María Lionza, quien representa el poder matriarcal que la naturaleza encarna, y que está presente en la montaña de Sorte en Yaracuy, Venezuela.

La reina posee cortes que se componen por diferentes deidades, entre las que se hallan protectores de los conquistadores, defensores de la naturaleza, cuidadores de la sabiduría, representantes de las siete potencias africanas, y personajes que se relacionan con la libertad como Simón Bolivar.

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