En los últimos años los bancos centrales han respetado un acuerdo de caballeros bajo el cual no se quejan cuando otras monedas se deprecian. China no fue tan caballero este año.

En el 2010 el yuan había sido débil, en 2011 el débil era el dólar estadounidense, el yen japonés era el caído en el 2012, para el 2014 el euro sufría depreciaciones y ahora en el 2015 el yuan vuelve a ser el devaluado. Algunos analistas expresan que en el 2010, comenzó una guerra de monedas, al parecer intencionalmente.

Deliberadamente o no, China provocó la devaluación de su moneda en dos días para enfrentar la desaceleración de su economía y con la intención de estimular las exportaciones de sus bienes en el comercio internacional.

Los precios relativos de los bienes Chinos se observarían más atractivos con respecto a sus rivales comerciales, sin embargo, según lo explicó el Gobierno, la medida tenía como objetivo liberar y guiar el tipo de cambio hacia aquel que estuviera guiado por las fuerzas del mercado.

Efecto dominó

Las economías que se rigen por un tipo de cambio fijo, tienen la ventaja de tener un comercio e inversiones entre los países con más facilidades y menos volátiles, pues son muy pocos los países que tienen una moneda estable que consiga mantener su valor en el tiempo, aún más cuando las relaciones comerciales internacionales son tan estrechas al crecimiento económico.

Por esta razón, la fijación del tipo de cambio es especialmente acogida por pequeñas economías en donde el comercio exterior representa un alto porcentaje en sus Producto Interno Bruto (PIB). Estas características las tienen la mayoría de los países del sudeste asiático.

Sin embargo, estas economías son vulnerables a las guerras de monedas, pues están sujetas a mantener su tipo de cambio y esto implica en muchas ocasiones recurrir a las reservas internacionales, y cuando estas no son suficientes no queda otra alternativa que flexibilizar el tipo de cambio.

Por esta razón, seguido por la devaluación del yuan y las expectativas del alza de las tasas de interés de la Reserva Federal (FED), Vietnam debilitó su moneda en un 1% y amplió la banda de fluctuación del tipo de cambio del 2% al 3%, de acuerdo con Bloomberg.

Según el jefe de investigación de Asia de ING Group NV, Tim Condon “Vietnam ya cayó”, pues Vietnam no tenía reservas suficientes para respaldar el dong, sin embargo no ha sido el único.

Pues de acuerdo con Bloomberg, las reservas de Malasia han caído 19% en este año a US$94.500 millones, lo que reduce la capacidad del banco central para frenar la depreciación del 17% en el ringgit.

A su vez, las reservas de Indonesia, que se contrajeron un 6,9 % en los cinco primeros meses del año hasta julio, pueden verse sometidas a una mayor presión después el Banco de Indonesia asegurará que continuaría respaldando a la Rupia.

Mientras que según le explicó el economista de Credit Suisse, Santitarn Sathirathai, a Bloomberg, Tailandia “es más deliberada asegurando que sólo quiere abaratar la moneda con el fin de apoyar el crecimiento”. Lo que implicaría que el Banco Central de Tailandia estaría dispuesto a permitir fluctuar en alguna medida el baht tailandés.

A su vez, “Malasia e Indonesia se enfrentan al problema de que con menos reservas internacionales, estos países tienen que ser más prudentes en la forma en la que defienden sus monedas, Sathirathai, economista con sede en Singapur de Credit Suisse.

Utilizar el tipo de cambio como herramienta para estimular el comercio exterior, como al parecer lo hizo China haciendo que sus exportaciones sean más atractivas, “puede desencadenar devaluaciones competitivas en toda la región”, de acuerdo con el secretario de Finanzas de Filipinas, Cesar Purisima, pues la mayoría de países asiáticos entre ellos son rivales en el mercado internacional, y por esto se desataría una guerra de monedas devaluadas.

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