El estrés puede ser el mejor amigo de la memoria. Sin embargo, cuando se le olvida dónde puso las llaves del auto, el estrés también puede hacerle sentir estúpido. Rajita Sinha, profesora de psiquiatría y neurobiología de la Universidad de Yale, desglosa los efectos del estrés sobre la memoria y su relación problemática con la demencia.

Lo básico

La gente usa el término “estrés” con mucha flexibilidad. Sinha lo define como el proceso por el cual reaccionamos a estímulos que son amenazantes, desafiantes o abrumadores. “Se trata de un complejo sistema de cortisol, adrenalina, péptidos y otras hormonas y sustancias químicas que ayudan al cuerpo a responder, adaptarse y retornar a un estado sin estrés”, dice la experta, quien dirige el Centro de Estrés de Yale.

Hay toda una gama de estrés, señala Sinha. En un extremo está el estrés controlable, aquel en el cual si uno toma la acción correcta puede recuperar rápidamente el control. “Imagínese que nota que la nevera está casi vacía, pero que si se da prisa puede llegar al supermercado antes de que llegue la tormenta de nieve pronosticada”, explica. En el otro extremo esté el estrés incontrolable; perder la casa o terminar una relación importante cabrían en esta categoría. Los dos tipos a menudo se superponen.

Deja su marca

El cerebro puede captar muy rápidamente una amenaza incontrolable y recuperar de manera inmediata la información relevante cuando se le vuelve a presentar el mismo estrés agudo, dice Sinha. Si está solo en una calle por la noche, su estrés podría ayudarlo a mantenerse alerta la próxima vez que esté solo y se sienta en peligro. “Esa experiencia agudiza la mente y codifica una impresión”, afirma la experta.

Las tensiones controlables, como no tener suficiente tiempo de estudio para un examen, también dejan su huella. “Su mente recordará esa experiencia y usted lo tendrá en cuenta para disponer de más tiempo para estudiar antes del próximo examen”, asevera Sinha.

El enlace de la memoria

Sin embargo, estudios sobre múltiples tensiones simultáneas —controlables o no— indican que éstas conducen a una mala recuperación de la memoria “ya que la capacidad del cerebro para pensar está fracturada”, dice la experta.

Normalmente, alguien que está estresado será capaz de concentrarse en la tarea que está haciendo, pero podría olvidar cosas que no están específicamente relacionadas con dicha tarea. Una persona que está llegando tarde a una reunión puede olvidar dónde puso las llaves, o un propietario que está por perder su casa por ejecución hipotecaria podría no recordar su propio número de teléfono. “Lo que nos hace humanos es la capacidad de pensar de forma creativa y emocional, lo cual nos permite ser racionales y prudentes”, dice Sinha. “Pero si uno está bajo múltiples presiones simultáneas, esa capacidad sale por la ventana, y se siente emocionalmente abrumado”.

Estudios recientes han demostrado que el riesgo de demencia y otras enfermedades relacionadas con la memoria aumenta de manera considerable cuanto más estrés incontrolable se sufre. Sinha indica que análisis con escáneres cerebrales muestran que la pérdida de un ser querido o el haber sido testigo de un hecho violencia tienen un enorme efecto sobre las neuronas. “La investigación ha demostrado que ramas enteras de células cerebrales pueden contraerse y comenzar a desaparecer”, señala. “Eso no quiere decir que si usted se divorcia terminará sufriendo demencia. Pero los riesgos están”.

La recuperación

La buena noticia es que el cerebro es dinámico y que el daño neuronal se puede revertir. Sinha recalca que la investigación del cerebro ha documentado la existencia de neurogénesis (crecimiento y desarrollo del tejido neuronal), aunque todavía no ha identificado qué tipo de pérdida memoria relacionada con el estrés puede ser revertida.

La experta aconseja establecer metas diarias de control del estrés: duerma lo suficiente, manténgase hidratado, coma con regularidad y en porciones pequeñas y saludables para evitar caídas de glucosa, y haga ejercicio para mantener en alto su energía. Sea consciente de los signos de estrés. “Si continúa notando olvidos cuando se enfrenta a tensiones comunes, hable con su médico”, aconseja Sinha.

Siempre que sea posible, evite realizar múltiples tareas. “Si hace 10 cosas a la vez, está utilizando una décima parte de su cerebro para cada tarea, lo que hace más difícil que rinda al máximo nivel”, concluye la experta. “Eso puede aumentar los niveles de estrés”. Resultado: olvidar dónde puso esas malditas llaves.

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