Tal vez el fernet no es la bebida para ti.  Para algunos paladares, el licor italiano increíblemente amargo es peor que el jarabe para la tos.

Aunque parezca extraño, en Argentina es tan popular que el país consume actualmente más del 75% de todo el fernet producido en el mundo.

Y como la bebida tradicionalmente se mezcla con Coca-Cola en un vaso lleno de hielo, esto también contribuye a que Argentina sea uno de los mayores consumidores de Coca-Cola del mundo.

Las personas aquí beben aproximadamente cuatro veces el promedio de Coca-Cola a nivel mundial.

El fernet con Coca-Cola es tan popular en Argentina que el país actualmente alberga la única planta de producción de fernet ubicada afuera de Milán… la destilería Fratelli Branca en las afueras de Buenos Aires.

Allí, hasta el director de marketing, Heman Mutti, reconoce que la bebida posee un aire medicinal.

“El fernet inicialmente se vendía en las farmacias italianas”, como una ayuda digestiva, dice.

La bebida llegó a las costas argentinas a finales del siglo XIX, junto con los inmigrantes europeos, y pronto se convirtió en uno de los pilares culturales del país, junto con el tango, el asado a la parrilla, el mate y el dulce de leche.

Como testimonio de su importancia dentro del estilo de vida argentino, en el 2014, el fernet fue agregado al programa del congelamiento de precios para protegerlo contra la creciente inflación.

Ruibarbo y raíces

El fernet le debe su sabor poco convencional a una receta super secreta que involucra alrededor de 40 tipos diferentes de hierbas, incluyendo azafrán, ruibarbo, cardamomo, mirra, manzanilla, áloe y raíz de genciana.

Juan Chico, gerente del bar y restaurante BARTOK, en el exclusivo barrio de Palermo en Buenos Aires, dice que el fernet es el licor más consumido en el restaurante.

Aunque la barra muestra una gran variedad de botellas de licores y vinos, Chico vende un promedio de 70 vasos de fernet al día.

Él afirma que solo la céntrica ciudad argentina de Córdoba consume más fernet que toda Italia, debido, en gran parte, a su fuerte herencia italiana.

A menudo, eso es una sorpresa para los visitantes italianos, algunos de los cuales se esfuerzan por comprender su popularidad.

“Han pasado dos años desde la última vez que vi a alguien beber fernet en Italia”, dice el promotor de clubes nocturnos Giovanni Digliardi, quien tuvo que mirar dos veces la primera vez que entró a un bar argentino e inmediatamente le ofrecieron un “Fernecola”… Fernet mezclado con Coca-Cola.

Digliardi, quien se mudó a Buenos Aires en 2008, recuerda a su abuelo que bebía fernet como un digestivo con un vaso de agua caliente.

Aún está desconcertado por el hecho de que los argentinos emparejan la bebida con la comida y los eventos sociales.

“Para ser honesto, el fernet no es una bebida adecuada como la caipiriña o el pisco sour”, dice.

‘Un beso amargo que te hace cerrar los ojos con repugnancia’

¿Nunca más? A pesar de la repulsión inicial, el fernet a menudo los atrapa al final.

A pesar de su popularidad, para muchos argentinos, el fernet es un gusto adquirido.

Cuando la psicóloga Florencia Martínez, oriunda de Gualeguaychú, en la provincia de Entre Ríos, Argentina, le dio por primera vez un sorbo, el veredicto fue franco: lo tiró horrorizada.

“Totalmente asqueroso”, confiesa, dejando escapar una exclamación: “bleargh” y bajando las cejas, todavía indignada por el recuerdo.

Después, ella no logró “acercar su nariz cerca de una botella de fernet durante muchos años”, y prefería el gin-tonic.

El tiempo pasó y el asco disminuyó.

Ella comenzó a tomar el licor ya al final de las salidas nocturnas con sus amigos porque le gustaba “el sabor refrescante y dulce de la Coca-Cola”.

“Y este fue el camino sin retorno”, dice riendo. “Se convirtió en mi licor favorito”.

Es una historia conocida entre los aficionados al fernet.

Típicamente, el sabor inicial es una experiencia hostil, pero la bebida eventualmente gana a su público.

“Nos reunimos aquí por primera vez, yo había oído hablar mucho del mujeriego fernet”, idealiza Yasmin Simeonova, una arquitecta de Macedonia que trabaja en Buenos Aires.

“Probarlo fue como un beso, un amargo beso que te quema la lengua y hace que tus ojos se cierren con repugnancia”.

La frescura de la hierba

Simeonova dice que al principio se cuestionaba la sensatez de aquellos que defendían la bebida.

Eso cambió.

“Luego de tres años en Buenos Aires, ahora tengo una relación muy fuerte y apasionada con el fernet”, dice.

“Lo amo y me ama. Nos divertimos hasta entrada la madrugada, en vasos de plástico, en botellas de Coca-Cola cortadas a la mitad, deambulando en las calles, debajo de puentes y a través de las fronteras”.

Tomar fernet en una botella plástica de Coca-Cola se conoce como “viajero”.

Por la noche, especialmente los fines de semana, jóvenes y personas mayores por igual vagan por las calles con sus envases de bebidas mezcladas.

El fernet también parece conquistar a los golosos bebedores experimentados.

“Soy un producto del sistema universitario de Estados Unidos, lo que significa que pasé la mayor parte de cuatro años de mi vida consumiendo alcohol de grano asquerosamente dulce mezclado con Kool-Aid”, dice Emily Sarah, socio gerente de una empresa de asesoramiento financiero en Buenos Aires.

“No hace falta decir que la frescura herbal del fernet fue una agradable sorpresa y carecía de las asociaciones negativas con las desagradables consecuencias de las bebidas dulces”, dice.

Según sus creadores, la receta del fernet se ha mantenido sin cambios durante 170 años.

Es claro que esta “repugnante” medicina italiana es la cura para cualquier cosa que los bebedores estén sufriendo.

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