Este delito deja más de doce millones de víctimas en todo el mundo y genera unos US$32.000 millones anuales en ganancias, por esa razón se sitúa como uno de los negocios ilícitos que mueve mayor cantidad de dinero después del tráfico de drogas y de armas.
Así lo revela un informe de la Universidad de la Sabana de Bogotá en el cual se exponen las millonarias cifras de esta industria criminal que opera bajo diferentes modalidades, entre ellas, la explotación sexual, el trabajo forzado, la mendicidad o el matrimonio servil.
Las investigadoras y docentes universitarias, Mónica Hurtado y Catherine Pereira, hicieron una revisión de los expedientes judiciales nacionales (2005-2011) para analizar la interacción entre víctimas, tratantes e intermediarios en delitos ocurridos entre Colombia y el oriente asiático.
“En los procesos revisados se identificaron 142 víctimas, de las cuales 42 estuvieron directamente vinculadas a los procesos judiciales, y las cien restantes se mencionan en los testimonios”, explican las autoras del documento.
El estudio sostiene que la mayoría de las víctimas provienen de ciudades como Pereira, Bogotá, Cali o Medellín, y son enviadas a organizaciones de Japón, Hong Kong y Singapur. También pone en evidencia el aumento progresivo de estos casos en países como Guatemala, Argentina, Bahamas, Barbados y Trinidad y Tobago.
Cada año en Colombia se conocen al menos 60 denuncias por ese delito, cuyas principales víctimas son mujeres jóvenes que caen con engaños y promesas de un mejor futuro económico.
¿Cómo se mueven las finanzas en este mercado?

 

Las bandas criminales gastan entre US$4.000 y US$6.200 en enviar a una persona al mercado asiático. Esta cifra incluye el valor promedio del reclutamiento, (US$1.279), traslado (US$4.500), entre otros (US$400).
La red, una vez la víctima está ubicada en la residencia en la que vivirá con cinco personas en promedio, modifica las condiciones iniciales y le retiene el pasaporte para que no pueda escapar.
Además, le cobra una “deuda” de hasta US$30.000 por los supuestos gastos de manutención y el derecho a ejercer su labor bajo su respaldo. A pesar de que no se encargan ni siquiera de pagar su seguridad social o salud.
El monto de la deuda se suma a los ingresos mensuales que reciben las organizaciones delictivas, que van desde los US$19.200 hasta los US$45.000, señala el documento, y agrega que cada banda recibe entre US$400 y US$2.500 diarios por víctima.
“A ese ritmo” una red de trata de personas puede obtener por una víctima utilidades anuales de hasta US$350.000 en promedio, una cifra que se escapa de la realidad económica de los afectados que no perciben mayores beneficios por su trabajo.
Mónica Hurtado, por su parte, le dijo a Dinero que la trata de personas es un fenómeno que muestra “el lado oscuro de la globalización”, un modelo económico en el que hay que producir “mucho, rápido y a bajo costo”.
Esta concepción ha llevado a que las empresas y las redes criminales de algunos países exploten a los inmigrantes que no tienen la documentación en regla, al someterlos  a condiciones laborales irregulares y poco favorables.
 La explotación sexual: el delito más común

 

Colombia es considerada la tercera nación con mayor número de víctimas de trata de personas en América Latina. La mayoría de los casos que se conocen están relacionados con la explotación sexual.
El análisis realizado por la universidad indica que una trabajadora sexual puede ganar alrededor de US$250 en Colombia, mientras que en un país asiático la cifra se eleva hasta alcanzar los US$3.000.
Estos recursos alimentan las finanzas de las estructuras criminales que se quedan con las ganancias y someten a las personas a intimidaciones y violencia para retenerlas.
Uno de los casos más graves que se exponen en el texto es el de Pereira, ciudad en donde se produjo el 60% de los casos de trata de personas que llegaron a la justicia.
La pobreza relativa, la percepción de desigualdad, entre otras razones, “motivan a distintos sectores de la población a que intenten mejorar su situación económica trabajando en el exterior en prostitución, maquilas, servicio doméstico, entre otras”, añade el estudio académico.
Y concluye que el poder adquisitivo de los países de destino de las víctimas, es superior al de las naciones de origen. El Producto Interno Bruto per cápita de Colombia (PIB), por ejemplo, fue de $US7.720 el año pasado, mientras que el de Singapur alcanzó los US$56.286 y el de Hong Kong llegó a US$40.169.

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