Su planta de producción está en Manizales, nació en el 2010 y exporta a más de 12 países. Esta firma hace máquinas automáticas que producen arepas, aborrajados, patacones y empanadas. La innovación y el emprendimiento han guiado este camino de éxito.

En un momento en que la innovación empezó a contagiar al sector gastronómico, Carlos Mesa le enseñó a su hija Emma Eugenia Mesa su último invento: una máquina que podía hacer hasta 2.000 empanadas en una hora.

En ese instante, Emma pensó que era la oportunidad de revolucionar la forma de hacer empanadas. Mientras una persona puede hacer a mano solo 100 empanadas por hora, este artefacto podría elevar la productividad hasta en 20 veces.

Y no solo resultaba una cuestión de producción, también había factores que hacían más atractiva esta opción de negocio: ahorro en gastos de personal, mejoramiento de la calidad de vida para el operario y control efectivo sobre la calidad del producto.

Emma estaba terminando una maestría en administración y negocios internacionales y decidió proponerle a su padre que hicieran una empresa que fabricara y distribuyera máquinas para hacer empanadas.

Fue así como nació Maquiempanadas. La historia empresarial se remonta al año 2010 cuando empezaron con todo prestado, incluso hasta los destornilladores. Carlos se encargaría del diseño de las piezas industriales y ella de comercializarlas.

En la mañana, Emma, administradora de empresas de la Universidad Nacional, usaba overol para ayudar a su padre en el ensamblaje de los equipos y en la tarde mezclaba sus jornadas de cátedra universitaria con la promoción de los productos de Maquiempanadas.

Desde el comienzo fueron sus propios jefes y empleados, pero más que buenas ideas, las cuales sobraban, necesitaban recursos para potenciar y hacer crecer el negocio. Se lanzaron, entonces, a reunir recursos además de los propios.

Los primeros ‘empujones’ provinieron del Fondo Emprender del Sena, Bavaria y préstamos bancarios. Después tuvieron el apoyo del Parque Tecnológico de la Universidad Nacional y el de Colciencias en materia de investigación y desarrollo.

Además, se sumaron al programa de empresas de alto potencial Manizales Más, iNNpulsa Colombia y ProColombia.

Allí fueron entrenados para potencializar su negocio y activar el olfato empresarial.

“En Colombia sí hay recursos para innovar y hacer empresa, un ejemplo claro es el apoyo que hemos recibido de parte de ProColombia. No obstante, es necesario creer en esas opciones. Por eso quiero decirles a los emprendedores que necesitan seguridad y convicción en lo que hacen”, indicó Emma, gerente actual de Maquiempanadas.

APOSTÁNDOLE AL TALENTO NACIONAL

Con el paso del tiempo, y con una máquina que se movía como lo habían propuesto, Emma empezó a realizar investigaciones de mercado alrededor del consumo de alimentos típicos colombianos como las empanadas, las arepas, los aborrajados y los patacones.

Los primeros resultados concluyeron que el 98 % de la comida local se elabora a mano, sin ningún tipo de tecnología. Según el estudio, soportado con cifras de las cámaras de comercio y censos a establecimientos comerciales, en el país se consumen cerca de 12 millones de empanadas diarias.

Aunque Emma y Carlos sabían del potencial de su negocio, nadie les creía.

“Las personas nos decían que si una máquina colombiana podía tener un rendimiento óptimo como las importadas. Nosotros siempre creímos en nuestros productos porque sabíamos que mediante la innovación y las buenas ideas, nos íbamos a posicionar en el mercado”, expresó Emma Meza.

A pesar de tener la primera máquina lista, Emma reconoce que los potenciales compradores eran muy escépticos: “Existía una desconfianza natural sobre una pieza tecnológica que, además de elaborar, un producto tan tradicional que se encuentra en la mayoría de las mesas de los colombianos, reemplazaría la producción artesanal. Las empanadas siempre se habían hecho a mano, no existía la industrialización de este segmento de alimentos”.

Sin embargo, la clave comercial de la empresa fue iniciar las ventas a través del comercio electrónico y subir publicidad a Internet.

“Nos dimos a la tarea de producir videos en los que mostrábamos cómo nuestra máquina automática producía empanadas. De un momento para otro, fuimos ‘virales’ en Youtube y nos empezaron a escribir desde distintas partes del mundo pidiéndonos información sobre nuestros productos”, asegura riéndose Emma Meza.

Ese fue el momento en que Maquiempanadas ‘despegó’ y aún no para de crecer.

CRECIMIENTO ROBUSTO

Actualmente su proceso de crecimiento abarca dos segmentos: ventas nacionales y mercado internacional.

El 60 por ciento de los ingresos se derivan de las ventas externas, mientras que el restante 40 por ciento se obtiene por las ventas dentro del país.

En el primer año, la compañía tuvo vendió cuatro máquinas facturadas en 40 millones de pesos, pero hoy presentan ingresos por más de 1.500 millones de pesos y despachan 300 máquinas, logrando un crecimiento anual de 35 %.

El objetivo de la compañía es continuar aportando tecnología y procesos de innovación a la industrialización de la gastronomía latinoamericana en los mercados de Estados Unidos y Europa, principalmente.

“En Colombia existen cerca de 15.000 microempresas, que demandan entre 3.000 y 5.000 empanadas diarias. Nosotros estamos interesados en aportar los dispositivos tecnológicos que ayudan al crecimiento del mercado”, explica la cabeza de la compañía.

El negocio de la comida ‘rápida’ típica no solo tiene demanda a nivel local y regional, pues algunos estudios de mercado señalan que el crecimiento de los alimentos tradicionales de América Latina han registrado un repunte sostenido de 22 % al año en Estados Unidos, cifra que está muy por encima de los promedios mostrados por la penetración de la comida china.

“Somos conscientes que a medida que aumenta la globalización y la confluencia cultural, los ciudadanos piden nuevas opciones gastronómicas. Por tal motivo, estamos desarrollando nuevos equipos como máquinas desmechadoras de carne, mezcladoras de maíz, peladoras de papa, entre otros. Le apuntamos a crear diseños que aprovechen los alimentos base de nuestra comida: papa, yuca y maíz”, indicó Meza.

En el plano internacional, las exportaciones ‘aterrizan’ en 11 países: Canadá, Estados Unidos, México, Honduras, Panamá, Venezuela, Ecuador, España, Francia, Australia y Suiza. El 80 % de las ventas externas obedecen a la demanda estadounidense.

‘SEGUIREMOS CRECIENDO GRACIAS A LA INNOVACIÓN’

El equipo de trabajo está conformado por un capital humano especializado en ingeniería mecatrónica y electrónica, negocios internacionales y comercio exterior. Además, se originan 15 empleos directos y diez indirectos.

El modelo utilizado por Maquiempanadas, basado en la innovación y el emprendimiento, ha permitido dotar al mercado con más de 11 modelos que varían desde semiautomáticos hasta máquinas totalmente automatizadas.

No obstante, la máquina más demandada es la multifuncional que logra producir empanadas, arepas de huevo, arepas ‘paisas’, aborrajados y patacones. Los precios varían entre nueve millones de pesos y 50 millones.

“Vamos a seguir innovando y proponiendo nuevos productos. Estamos desarrollando nuevas tecnologías que permitan competir con la industria argentina. En este momento, el costo de nuestras máquinas son inferiores hasta 10 veces con respecto a la línea importada”, señaló la gerente.

Los objetivos a corto plazo giran en torno a desarrollar líneas que permitan fabricar alimentos a base de harina de trigo como los ‘deditos’ de queso, panzerottis y hojaldrados.

Por ahora, Maquiempanadas espera seguir aumentando su participación de mercado aprovechando el ‘superdólar’ y creando máquinas para aumentar la productividad pero manteniendo los sabores tradicionales de nuestra comida.

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