Existen varias razones para odiar un trabajo: desde el hecho de que no se entiende con su jefe o compañeros de trabajo, hasta porque considera que está siendo explotado. Y cuando considera la opción de renunciar siempre surge el miedo por la inestabilidad.

Porque las cuentas, los gastos y las deudas deben pagarse y si no se tiene empleo, puede resultar un poco complicado. Pero en eso, tienen una gran ventaja los jóvenes de la generación Millenial, que son quienes hoy tienen entre 20 y 34 años.

De acuerdo con Money, de Time, esta generación tiene unas expectativas distintas sobre el trabajo y esperan sentirse felices y satisfechos con lo que hacen en su día a día. Es por eso que pueden tener una mayor tendencia a aburrirse y a valorar más sus conocimientos y sus trabajos.

En la estadística que expone la publicación, se destaca cómo ha crecido el número de los jóvenes que decidieron renunciar a su primer trabajo (después de la universidad) cuando solo llevaban en él tres meses. La cifra se incrementa casi al 70% de aquellos que renuncian luego de haber estado en el trabajo durante 3 a 12 meses. Así que es una tendencia que va en incremento.

Lo que sucede es que esta generación tiene mucho más claro su proyecto de vida profesional y saben diferenciar lo que consideran como un “buen empleo” que los hace sentir satisfechos de aquellos que no les permite crecer o seguir aprendiendo. Pero a la vez son conscientes de cómo está el mercado laboral, por lo que pueden decidir retrasar su decisión hasta encontrar una nueva oportunidad.

Las razones correctas

No sólo tiene que ver con el hecho de un mal jefe, el clima laboral, la presión o el salario. Para los Millenial las razones para renunciar van mucho más allá de ese tipo de aspectos (aunque también los anteriores tienen su peso).

De acuerdo con un estudio de Ernst & Young, las principales cinco razones para que un joven renuncie a su trabajo radican en: hay un crecimiento mínimo de los salarios, la falta de oportunidades para avanzar, excesivas horas extras, un ambiente de trabajo que no fomenta el trabajo en equipo y un jefe que no le permiten trabajar de forma flexible.

Incluso, está bien considerar el hecho porque se siente aburrido, poco motivado o por el simple hecho de que no le encuentra sentido a hacer lo que hace. El tema es que, ante este tipo de situaciones, debe ser consciente y reflexivo para que no se trate de algo superficial sino que esté arraigado a su pasión por su profesión.

En cuanto a las incorrectas, para renunciar, según About Careers son las siguientes:

• No le gustó las jornadas
• No entiende el trabajo
• No quiere trabajar en las noches o fines de semana
• Los compañeros son “estúpidos”.
• Por lo lejos de su casa
• Porque no podía cumplir con las metas u objetivos
• Pensaba que iba a ser despedido
• A veces requiere de horas extra

El plan

Renunciar cuando se es joven puede significar un arma de doble filo dependiendo de cómo se vea la situación. Pero es la mejor edad para poder asumir riesgos, adquirir experiencia y aprender de los errores, más aún cuando se sabe que la mayoría de esta generación aún no se ha independizado, es decir, aún viven con sus padres, según datos de Pew Research Center. Eso le da un gran respiro si y apoyo económico en caso de que llegue a necesitarlo.

Pero así mismo, la edad y la proactividad y la creatividad pueden ser unas características que le permitirán destacarse y encontrar trabajo de forma mucho más sencilla o desarrollar formas alternativas para generar ingresos. Además, la experiencia le permitirá enfocar mejor su carrera profesional y valorar su próximo trabajo, más que por las condiciones superficiales, por aquello que realmente pueda aportarle a su vida y la sensación de satisfacción que le pueda generar.

No obstante, Time también sugiere que antes de tomar la decisión definitiva, debe considerar lo siguiente:
1. Sea honesto con usted mismo: en ocasiones, cuando se piensa renunciar, siempre se resguarda en excusas que realmente no son la causa de fondo de la decisión que piensa tomar. Evalúese y evalúe su entorno y quizás se dé cuenta que la razón por la que se siente infeliz puede estar dentro de usted en la forma en la que percibe las situaciones o, también, considere las acciones que puede tomar previamente a decir “adiós” de forma definitiva.

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2. No se quede “sin el pan y sin el queso”: si va a renunciar, considere primero otras oportunidades laborales, investigue el mercado y aplique para otros cargos en otras empresas. Esta es la decisión más sabia que puede tomar porque a veces el simple hecho de “dejar todo botado” puede causarle grandes inconvenientes a sus finanzas y a las de su familia.

Y si ya encontró una que le llamara la atención, asegúrese de que será una oportunidad distinta y valiosa que no va a dejar perder. Infórmese sobre la empresa, durante la entrevista pregunte lo más que pueda y verifique las opciones de crecimiento profesional.

3. Prepárese y prepárelos: el peor error que puede cometer un millenial es dejar todo botado y no ser agradecido con quienes lo emplearon. Esto, porque muchas veces los jóvenes se van el mismo día que renuncian, sin tener en cuenta el impacto que pueden causar en la cadena de producción de la empresa para la que trabajan. Recuerde que siempre es bueno dejar las puertas abiertas.

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