Los esfuerzos del planeta por erradicar el hambre en el 2030 aún tienen un gran camino por recorrer, pero los buenos resultados y la movilización de recursos inducen a que este objetivo puede cumplirse.

Hoy en día, en la era de la abundancia de alimentos, 795 millones de personas padecen hambre y casi 160 millones de niños menores a 5 años tienen retrasos en su crecimiento. Y aunque el mundo entero ha realizado grandes esfuerzos para combatir estos problemas, claramente es un enemigo difícil de vencer.

Incluso la pobreza ha cedido más fácilmente a la presión humanitaria e internacional. Desde 1990 la pobreza en el mundo en desarrollo ha caído casi 65%, mientras que el hambre disminuyó menos del 45%.

En un mundo con los precios de los alimentos bajando constantemente, una sobreproducción de alimentos capaz de alimentar a 9.000 millones de personas y mejores técnicas de productividad y apertura de mercados, es difícil entender como el hambre perdura tanto.

El hambre es más peligrosa que la misma pobreza. El proyecto concluye que es “muy difícil tratar de salir de la pobreza con retrasos en el crecimiento y en el desarrollo cerebral”. La buena alimentación en los primeros años de vida es prácticamente un requisito para mejorar la calidad de vida.

Combatiendo el hambre

Un problema endémico que parece destinado a sobrevivir y al mismo tiempo es una de las causas de la reproducción de la pobreza, puede estar llegando a su final. Al menos así lo cree “the Ending Rural Hunger Project” de Brookings.

Pero, ¿Por qué centrados en el hambre rural? El más reciente informe de este proyecto reconoce que el hambre existe tanto en países ricos como en países pobres y tanto en ciudades como zonas rurales. Resolver este problema en las ciudades es un poco más sencillo ya que sus herramientas como crear nuevos trabajos e incrementar los salarios son más eficaces en los entornos urbanos.

El inconveniente con aplicar estas medidas en las áreas rurales es que la gran mayoría de la población en esta dificultad, solo tiene una vía de generar ingresos (agricultura) y optimizarla es más complicado de lo que parece.

Sin embargo, el estudio señala que nunca antes la movilización de recursos, inversión privada e investigación se han enfocado en combatir el hambre en las zonas rurales. Son más de 2.500 millones de personas que dependen de la agricultura en el mundo y el cambio climático junto a una mayor demanda futura de alimentos puede poner en jaque su seguridad alimentaria.

Primero la productividad

La productividad promedio de América Latina es menor a 5 toneladas métricas por hectárea.En los países desarrollados este valor supera las 30. Asia central y África no suelen superar las 2.

Índice de productividad agrícola por hectárea 2015

 

La mayoría de los países ha incrementado su productividad agrícola, ha desarrollado sistemas para hacer esta actividad sostenible con el medio ambiente y ha reducido el hambre urbana. Los logros han sido tales que a la fecha menos de 20 países tienen necesidades críticas de nutrición y un número similar tiene necesidades altas.
En promedio América Latina tiene necesidades amplias en este sentido (junto al continente africano), en especial Bolivia, Paraguay y en menor medida Colombia.

Al mismo tiempo la región tiene fuertes debilidades en cuanto a políticas para garantizar la seguridad alimentaria se refiere. Las reformas agrarias se hacen necesarias junto con la inversión en tecnología. El Banco Mundial en una investigación independiente al informe de Brookings afirma que la tecnología es mucho más eficaz para combatir el hambre que otras herramientas como las microfinanzas, reformas de tierras o aumentar el terreno cultivable.

“Nunca antes en la historia existieron tantas herramientas para combatir el hambre, esta puede ser erradicada en 2030” concluye firmemente el informe. Un hito histórico que sin duda puede marcar un punto de inflexión para el desarrollo de la humanidad.

 

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