Es clave la permanencia en el mercado, generando la rentabilidad que esperan los bancos y los socios. Esto es posible cuando se logra eficiencia en el manejo de sus activos y una financiación adecuada que permita acceso al crédito a costos razonables, alejados de la tasa de usura.

Mucho se habla en el mundo empresarial de cuál puede ser una adecuada estructura financiera para las empresas pero ¿cuál es la referencia? ¿Cómo sabemos que los índices alcanzados por nuestra empresa son buenos? ¿Avanzamos al ritmo del mercado o estamos dejando de ser competitivos? Desde este punto de vista, el análisis financiero nos dice que una referencia válida pueden ser los índices que se definen año a año en las metas presupuestales y que avalan o condenan la actividad realizada por la gerencia. Pero otra, no menos importante, es el comportamiento o estructura financiera que en promedio registran las empresas de tamaño similar al nuestro.

En este orden de ideas y teniendo en cuenta las cifras reportadas a la Superintendencia de sociedades por 25.515 empresas del sector real al cierre de 2014, se han ordenado en micros, pequeñas y medianas (de acuerdo con la Ley 905 de 2004 que clasifica a las empresas por número de empleados y volumen de activos). Se seleccionaron 333 microempresas, 8.760 pequeñas y 16.420 medianas empresas. Esta estructura no cambia mucho en los últimos años y nos muestra resultados sorprendentes que bien vale la pena compartir, para que esta sea una guía de autodiagnóstico financiero.

¿EN QUÉ INVIERTEN LAS EMPRESAS?

En el activo corriente la microempresa concentra el 70 % del total de activos; mientras que las pequeñas lo hacen en el 63%, y las medianas son más eficientes al aglutinar solo el 35 % del total. En este sentido, a mayor tamaño, las empresas registran menores inversiones en los rubros del activo corriente; en el disponible por ejemplo, mientras que la microempresa concentra el 13% del activo, la pequeña lo hace en 9 %, la mediana solo registra el 3% en el disponible.

En las cuentas por cobrar, los microempresarios financian más a sus clientes, la cartera significa el 47 % del total del activo, mientras que las pequeñas concentran el 18 %, en las medianas solo el 10 % corresponde a la cartera de clientes. Si la mediana empresa invierte menos recursos en sus clientes puede estar justificada por razones como: mayor acceso a la negociación de su cartera, la mejor administración de su cartera y la posibilidad de recibir otros medios de pago en sus ventas.

Los inventarios son el 9,5 % del total del activo en promedio en las micros y medianas empresas, mientras que en la pequeña significan el 15 % del activo. La menor inversión de recursos en las micros puede estar explicada por la eficiencia que genera la mayor frecuencia de pedidos, mientras que en la mediana lo hace la eficiencia en la cantidad óptima de pedido, acorde con ciclos de ventas y el mejor manejo con sus proveedores.

¿CÓMO SE FINANCIAN?

Las pymes en Colombia registran (según sus estados financieros del 2014) un nivel de endeudamiento moderado, entre el 42 y 49 % del total de sus activos, a excepción de la microempresa, que muestra un endeudamiento del 120 %, (reporta patrimonio negativo del 20 % producto de las pérdidas acumuladas). Del endeudamiento de las microempresas, el 89 % es a corto plazo, mientras que en la pequeña empresa es el 37 % y en las medianas el 26 %.

Al interior del pasivo se observa que la principal fuente de financiación de las pymes son las obligaciones financieras (27 % de sus activos), seguida de otras cuentas por pagar (costos y gastos por pagar y deudas con socios) con el 24 % y luego, los proveedores que financian a las pymes en un 18 %, en promedio.

Por el lado de los micro-empresarios, la principal fuente de recursos son las otras cuentas por pagar, que significan el 53 % del activo, mientras que los proveedores lo hacen en un 23 % y los bancos en el 20 % en promedio.

Existe un reto bien grande para los establecimientos de crédito de lograr una mayor profundización en las empresas, y lo tendrán que hacer con mayor familiarización de los flujos de caja proyectados y sensibilizados, dado que las decisiones de crédito a partir de las utilidades se verán afectadas en gran medida por el impacto de la convergencia a las NIIF en el próximo año.

Los bancos deben seguir siendo exigentes con la financiación a las empresas, pero con indicadores que garanticen realmente el pago de la deuda, tema que deber ser revisado y renovado por la banca colombiana, para hacer eficientes los niveles de cartera vencida que, según datos a abril de la Superfinanciera, bordean el 2,9 % del total de la cartera.

Una conclusión es la tarea urgente que tienen las microempresas del país de revisar su estructura financiera, dado que las convierte en acumuladoras de pérdidas permanentes, situación que no es sostenible en el tiempo.

En términos generales, una adecuada estructura financiera es aquella que garantice a la empresa su permanencia en el mercado y genere la rentabilidad que esperan los bancos y socios que financian a la empresa.

Cuando esto se logra, es lo que comúnmente se conoce como la generación de valor a través del indicador de rentabilidad, EVA.

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