Por obvias razones, los neurocientíficos están muy interesados en descubrir las diferencias entre el cerebro de las personas que tienen personalidades desagradables (como los narcisistas) o hábitos sucios (como la adicción a la pornografía).

Tienen la esperanza de que al estudiar el cerebro de estas personas, podamos aprender más sobre las causas del mal carácter y encontrar formas de intervenir útilmente. Tal parece que a la lista de defectos del carácter que han sido objeto del análisis cerebral podemos agregar el sexismo, ya que en un estudio japonés publicado en la revista Scientific Reports se afirma que encontraron su huella neurológica.

Los investigadores querían saber si en el cerebro de ciertos individuos había alguna diferencia que podría predisponerlos a las actitudes y las creencias sexistas (claro que, como ocurre con muchas investigaciones de neurociencias como esta, es muy difícil desentrañar si las diferencias cerebrales observadas son la causa o la consecuencia del rasgo o la conducta que se estudia, punto que retomaré más adelante).

Para ser más específicos, analizaron si el cerebro de la gente que apoya públicamente la desigualdad de género es anatómicamente diferente del de la gente que cree en la igualdad de género.

En pocas palabras, parece que la respuesta es sí. El neurocientífico Hikaru Takeuchi, de la Universidad de Tohoku, y sus colegas notaron que dos regiones del cerebro que contienen las actitudes sexistas tienen grados diferentes de densidad de la materia gris (lo que indica básicamente la cantidad de neuronas que hay en una región determinada) en comparación con las personas que dicen que creen en la igualdad de género (en su estudio no se habla de las creencias sexistas subconscientes). Es más, estas diferencias neurales tienen una relación directa con las características psicológicas que podrían explicar algunas de las creencias sexistas de la gente.

Los investigadores estudiaron en cerebros de 681 estudiantes (el promedio de edad era de 21 años y 306 participantes eran mujeres) y les pidieron que midieran sus creencias con la escala de “Igualitarismo en los roles de género” (SER, por sus siglas en inglés). La escala básicamente es una serie de declaraciones con las que los participantes coinciden o no. Dos ejemplos son: “Las tareas domésticas deben dividirse entre el esposo y la esposa” (estar de acuerdo indicaría un nivel alto de SRE) y “la crianza de los hijos es el trabajo más importante de la mujer” (estar de acuerdo indicaría un nivel bajo de SRE).

La gente que obtiene un puntaje alto cree que “el sexo de un individuo no debería influir en la percepción de sus derechos, capacidades, obligaciones y oportunidades”, de acuerdo con los autores del estudio. Los participantes también hicieron algunas otras pruebas psicométricas (de CI y de personalidad, entre otras), así como un cuestionario sobre tendencias agresivas.

El equipo de Takeuchi descubrió que los puntajes bajos en la escala SRE (tener creencias más sexistas o discriminadoras por género) tienden a estar relacionados, tanto en hombres como en mujeres, con una densidad mayor en la materia gris de la corteza cingulada posterior, una región del cerebro relacionada con el procesamiento de cosas como la ira, el miedo y el dolor; también hay relación con la densidad reducida en la amígdala derecha, otra de las regiones del cerebro muy importantes para las emociones, particularmente el miedo.

En cuanto a su perfil psicológico en general, la gente que manifestó creencias sexistas solía tener puntajes más altos en cuanto a ira, propensión a la depresión y competitividad, lo que coincide con las investigaciones sobre las relaciones de la personalidad con el sexismo que se encontraron en estudios previos.

Estos nuevos resultados de estudios del cerebro indican que hay alguna diferencia en la estructura cerebral de la gente que tiene creencias sexistas, pero ¿a qué conclusión llevan estas diferencias? Es muy difícil interpretar las simples diferencias anatómicas porque el tener menos volumen en ciertas regiones del cerebro a veces es algo bueno (como indicio de destreza para el ajedrez, por ejemplo), mientras que otras veces puede indicar la pérdida de la función, como ocurre cuando el cerebro se encoge a causa del mal de Alzheimer.

En el contexto actual, cuando menos podemos buscar pistas en otros marcadores psicológicos que los investigadores recabaron. Por ejemplo, descubrieron que la presencia de más materia gris en la cingulada posterior no solo se relaciona con las creencias sexistas, sino con la mayor propensión a la ira y a la hostilidad (aunque a un grado muy bajo) y con una personalidad competitiva.

Por otro lado, la presencia de un nivel menor de materia gris en la amígdala se relacionó ligeramente con los puntajes más altos de neurosis (en mujeres) y con una mayor propensión a la depresión. Algunas investigaciones anteriores relevantes revelaron que el volumen reducido en la amígdala se relaciona con el estrés, la ansiedad y la depresión (aunque cabe señalar que hay otras investigaciones en las que se relaciona el agrandamiento de la amígdala con problemas emocionales… ¡desafortunadamente, las neurociencias rara vez son sencillas!).

Los nuevos hallazgos pintan un panorama en el que la gente (hombres y mujeres) que tiene creencias sexistas son personas psicológicamente vulnerables, temerosas y competitivas. Tenemos que estar conscientes de que este estudio no ha demostrado que una anatomía cerebral determinada provoque que la gente sea sexista (es igualmente posible que tener creencias sexistas cause cambios en el cerebro o que otros factores, como la crianza o las circunstancias sociales, moldeen las creencias y la estructura cerebral de una persona).

Sin embargo, probablemente es justo especular que algunas personas pueden tener una anatomía cerebral que las predisponga a temerle a la competencia y a los cambios culturales que ponen en peligro sus intereses, lo que sienta las bases para que estén a favor de la desigualdad de género.

Sin embargo, los investigadores no se detuvieron aquí. Insinuaron que sus hallazgos podrían indicar que hay formas de combatir las actitudes sexistas. Por ejemplo, dicen que hay pruebas de que cuando la gente logra reducir sus emociones negativas, aumenta la cantidad de materia gris en la amígdala derecha. “Por lo tanto”, escriben los investigadores, “mejorar el estado de ánimo negativo podría prevenir los estereotipos en cuanto a los roles de género (es decir, reducir la discriminación de género] y podría mitigar una amplia gama de problemas relacionados con un nivel más bajo de Igualitarismo en los roles de género”.

Parece que lo que quieren decir es que si quieres poner tu granito de arena para lograr la igualdad de género, podrías abrazar a un sexista o cuando menos escuchar sus problemas. Lo alegrarás, lo calmarás, tal vez su amígdala crezca un poco y ¿quién sabe? Tal vez las mujeres empiecen a recibir paga igual a la de los hombres un poco antes.

Hay solo un problema: Le eché un vistazo al estudio que citaron para demostrar que la amígdala crece cuando la gente logra reducir sus niveles de estrés y de hecho se descubrió lo contrario, que “entre más disminuían los niveles de estrés de la gente, más decrecía la densidad de la materia gris en la amígdala derecha”.Así que tal vez lo mejor sea que te abstengas de abrazar a tu sexista favorito, al menos por ahora.

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