El nuevo Banco Asiático de China “está cambiando” el sistema financiero global, ya que los países de la región ahora no dependen únicamente del Banco Mundial y el FMI, mientras que los Estados europeos tienen ahora una alternativa real a las entidades dominadas por EE.UU., según el periódico alemán DWN.

La fundación del nuevo Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés) es uno de los mayores éxitos geopolíticos de China en los últimos años, escribe DWN. Disponiendo de un capital estatutario de 100.000 millones de dólares, la entidad financiera servirá para financiar los proyectos de infraestructura en Asia, y será una alternativa al Banco Mundial y el FMI, dominados por EE.UU.

Debido a su cada vez más creciente influencia económica, China no se veía suficientemente representada en el sistema financiero mundial y por lo tanto durante muchos años abogaba por reformas en este ámbito, afirma el artículo. Precisamente por esta razón fue Washington el que más se oponía a la idea de la creación del AIIB.

La fundación de esta entidad financiera fue objeto de tensas discusiones hasta dentro del Gobierno chino. Los críticos justificaban su postura con la poca experiencia de Pekín y dudaban del éxito del futuro banco. Sin embargo, con la llegada al poder de Xi Jinping en 2013 el plan recibió un nuevo impulso. El mandatario estaba seguro de que el AIIB beneficiaría al país asiático y fortalecería a los países de Eurasia a lo largo de la antigua ‘Ruta de la Seda’.

La nueva entidad provocó mucho interés en la comunidad internacional, incluidos, “para sorpresa de Pekín y en contra de las exigencias de EE.UU.”, los Estados de golfo Pérsico y países europeos. A pesar del gran número de países asiáticos que participan en el proyecto, naciones como Reino Unido, Francia, Italia y Suiza se encuentran entre los miembros fundadores, mientras que China, la India, Rusia y Alemania son los mayores accionistas del AIIB.

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