Una palabra, una caricia, un arrullo, una mirada a los ojos, amamantar. En actos tan sencillos como esos, los expertos en pediatría resumen esa práctica que a tantos padres inquieta: la estimulación. Hay quienes acuden a objetos que ofrece el mercado como colores, música, juguetes, sin saber que en el entorno familiar está todo lo necesario para que los más pequeños se desarrollen desde lo social, lo cognitivo y lo emocional.

Estudios revelan que los primeros momentos de la vida del bebé son de aprendizaje y desarrollo. Durante los primeros tres años, se forma el 85 por ciento de su cerebro, razón por la que la estimulación multisensorial es muy importante para el desarrollo saludable y feliz. Pero ¿cómo hacerlo de manera adecuada? ¿En qué momento? Para responder estas inquietudes, Juan Fernando Gómez Ramírez, pediatra y miembro de la Sociedad Colombiana de Pediatría, da algunas pautas.

¿Por qué es necesario estimular a los bebés?

“Los seres humanos cuando nacen, lo hacen en un estado incompleto, a diferencia de otras especies menos evolucionadas que nacen con un nivel de desarrollo que les permite afrontar la vida sin problemas. Eso determina que el comportamiento instintivo en el humano es muy pequeño pero el desarrollo de la inteligencia es muy grande, por eso, debe desarrollarse más después de que nace. Para crecer y desarrollarse el ser humano necesita cuidados y estimulación, de esta última decimos que es óptima mientras más temprano ocurra porque permite que se desencadenen unas ondas eléctricas, lo que lleva a unas uniones de las neuronas que van a establecer funciones cada vez más especializadas. En ese concepto, investigaciones recientes han demostrado que la estimulación es más eficiente si se hace simultáneamente, desde varios sentidos”.

¿Qué es entonces la estimulación multisensorial?

“Es el agrupamiento que hace el cerebro de una serie de estímulos simultáneos, lo que permite un desarrollo mayor, a diferencia de los estímulos aislados. Por ejemplo, uno táctil que a la vez mira a los ojos, el canto que estimula la audición, el arrullo es vestibular y si la mamá lo está amamantando es gustativo. Toda esa sumatoria produce, a nivel del cerebro, un estímulo mayor y promueve un mejor desarrollo de toda índole, no solo del aspecto cognitivo, sino emocional y social. Por ejemplo, la estimulación táctil, el contacto piel a piel inmediatamente después del nacimiento lleva a un proceso adaptativo del nacimiento mucho mejor que quienes no lo tienen. Esa adaptación significa respirar mejor, mejor funcionamiento del corazón y regulación de la temperatura. La piel y el cerebro tienen el mismo origen en el embrión, vienen de la misma parte, por eso se dice que la piel es la parte más externa del sistema nervioso, de ahí la importancia de una sensación, de una caricia”.

¿Cómo hacerla?

“La estimulación puede hacerse desde la vida fetal. Se sabe que el feto humano es sujeto de emociones, y una vez nace se potencializa esa capacidad porque tiene todos los sentidos, algunos más desarrollados que otros. La forma correcta es la más sencilla del mundo entero, una mamá común y corriente es un sujeto excelente como agente estimulador. No se necesita psicólogo, ni ser médico o enfermera, esa es la ventaja de este tipo de estimulación. Una madre que arrulla, acuna, canta, mira a los ojos, amamanta, esa es la estimulación. Lo que ofrece el mercado no reemplaza jamás lo que hace el ser humano pero puede ayudar algo, por ejemplo, el gran poder de la música es un excelente elemento complementario. Poca estimulación lleva a poco desarrollo, pero extrema no lleva a extremo desarrollo, por eso se invoca que sea algo natural. En exceso acaban por ser niños hiperactivos, llorones, inestables. La estimulación es determinante cuando se hace a nivel de la familia. El papel de los hermanos para estimular es fundamental porque es constante y ellos siempre están ahí”.

¿Qué momentos son ideales para la estimulación?

“Durante los rituales. El baño es uno de ellos. Si la mama en ese instante acaricia al bebé piel a piel, lo mira a los ojos, le canta alguna cosa, le habla, le explica qué está haciendo, después lo amamanta y lo arrulla, ahí están todos los sentidos involucrados. El niño conoce el olor de su mamá, por ejemplo, después de tres semanas, llora y la mamá no está, una prenda usada por esta se le pone cerca y se calma. Él conoce el olor de la leche de su propia madre y como el olfato llega directo al cerebro, el poder evocador es inmenso.

El ritual del amamantamiento es fascinante. La caricia, la mirada, el gusto, el oído, si le canta o le habla, y mecerlo (lo que se conoce como estimulación vestibular), eso para un pediatra es algo maravilloso, con todas las ventajas de la alimentación materna, no solo las nutritivas que cuentan muchísimo, sino las emocionales, afectivas, el apego seguro. Otro ritual bellísimo es al momento de acostarlo, la lectura desde etapas tempranas, desde de los primeros meses de vida, eso se puede acompañar de un masaje, al ponerle la piyama. Ahí la lectura crea un mundo especial para el niño antes de dormirse, ese puede ser un momento excelente de estimulación. Para mí el más importante es el baño, pues hay estudios que muestran que en un mes una mamá se gasta 10 horas en el momento del baño y este tiempo de estimulación es una locura”.

¿Y cuando hay poco tiempo para estimular?

“Hay que tener mecanismos adaptativos, por fortuna hoy hay abuelas muy jóvenes. A ellas también se les puede indicar y se pueden instaurar estos procedimientos sencillos con una buena información. Es importante que el cuidador esté empoderado e informado, que sepa, por ejemplo, que mirarlo a los ojos tiene un valor. Estudios demuestran que cuando se mira de lado a un niño rápidamente pierde la atención. Pero si se le mira directo lo tiene enfocado, lo que ocurre en una conversación usual”.

¿Cómo estimularlos a medida que crecen?

“En el camino hacia la autonomía, ellos son capaces de encontrar múltiples estímulos. El proceso de estimulación siempre es continuo, de pronto no tan intensivo ni tan interactivo por parte del agente estimulador. Cuando van creciendo, una alternativa es favorecer en el niño el espíritu de búsqueda. Es más una actitud de los padres, es enseñarles a escuchar mas que a oír, a ver más que mirar” .

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