Los estadounidenses se marcharon hace mucho tiempo, pero en el pequeño poblado al oeste de La Habana todos saben hasta ahora quién era él. “Mr. Hershey”, lo recuerdan.

El norteamericano Milton Hershey no es en el pueblo de Camilo Cienfuegos sólo el magnate que fundó la marca de chocolate más famosa de Estados Unidos, sino también el antiguo dueño de uno de los ingenios azucareros más emblemáticos que tuvo Cuba.

El asentamiento ubicado a unos 45 kilómetros de La Habana lleva hasta hoy extraoficialmente el nombre de su fundador. Su pasado y presente reúnen además como pocos lugares los elementos que marcaron la historia de la isla caribeña en el siglo XX: los grandes latifundios del capitalismo, la llegada de los colectivos laborales socialistas y el cultivo de la caña de azúcar como antiguo motor económico del país.

Sus habitantes siguen conociendo al diminuto poblado ubicado en la localidad de Santa Cruz de la Sierra como “Hershey”, pese a que desde hace décadas se llama Camilo Cienfuegos, como uno de los héroes de la Revolución. También la estación de trenes del pueblo da la bienvenida a los visitantes con un cartel de otra época.

El “Central Hershey” empezó a funcionar en 1918, en los años en los que la caña de azúcar regía aún los destinos económicos de la isla. Milton Hershey, fundador de la Hershey’s Company en Estados Unidos, levantó entonces el ingenio azucarero en Cuba para asegurar el abastacimiento de sus fábricas de chocolate en Norteamérica.

Y el confitero estadounidense construyó en el Caribe un “pueblo modelo” similar al que hasta hoy lleva su nombre en Pennsylvania: con casas adosadas en hileras, barracones para los trabajadores, una farmacia, un cine, un colegio, bodegas, todo alrededor de la fábrica, hoy abandonada. Un pueblo dedicado íntegramente al azúcar.

“Los trabajadores compraban por medio de vales, esa bodega tenía de todo”, recuerda Orgelina Fernández, una vecina de 62 años. La propia compañía les vendía lo que necesitaban para vivir. “Ya las tiendas han decaído mucho”, asegura ahora Orgelina.

Para transportar el azúcar, Hershey mandó construir también un ferrocarril que llega hasta la bahía de La Habana, el primer y el único tren eléctrico que ha tenido Cuba. Sigue operando, viejo y destartalado, aunque sus vagones ya no llevan azúcar hasta el puerto, sino que prestan un servicio de transporte público.

Milton Hershey vendió el ingenio azucarero en 1946, varios años antes del triunfo de la revolución de Fidel Castro. La fábrica fue nacionalizada después de 1959 y operó hasta 2002, cuando la caída de los precios del azúcar y la desaparición de sus principales mercados internacionales forzaron a Cuba a cerrar decenas de sus “centrales” azucareros.

La historia de “Hershey” resume bien el declive de la época del azúcar en Cuba. Unas 1.200 personas viven aún en el asentamiento.

“Todo el que trabajaba en el central se ha ido, a trabajar en el petróleo, a la fábrica de refrescos”, cuenta Elena, de 40 años, que llegó hace dos décadas a trabajar en el ingenio. Ahora es auxiliar de escuela. En Santa Cruz del Norte hay cerca una refinería, una envasadora y una fábrica de azulejos.

“Yo trababaja en el laboratorio”, cuenta por su parte Martín Zamora, de 70 años. En el ingenio trabajaba llevando muestras y tomando la temperatura de los sacos de azúcar para el control de calidad. Era una época en la que “había más movimiento, más vida”, dice. Ahora trabaja esporádicamente como mensajero y, como no tiene casa propia, vive en uno de los antiguos barrancones abandonados.

El ferrocarril eléctrico, que cubre la ruta de unos 100 kilómetros entre La Habana y la ciudad de Matanzas, funciona también como atractivo turístico. Además del servicio de transporte público para los habitantes de las provincias de La Habana, Mayabeque y Matanzas, el vetusto “tren de Hershey”, una auténtica reliquia de otras épocas, ofrece un tour para visitantes que es como un viaje al pasado.

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