La familia unida trabaja en conservarse unida. No sólo se trata de anhelar una unión familiar; la familia unida requiere un esfuerzo constante. Estas ideas propuestas por el autor Aníbal Cuevas apuntan a conseguir este objetivo.

Como en toda relación, la familia necesita ser nutrida todos los días. Sus lazos serán tan fuertes como cada quien se proponga y así lo trabaje. Y para ello es fundamental lograr un buen ambiente familiar, un clima de intimidad donde se viva una verdadera armonía, donde todos se sientan valorados, amados y comprendidos, donde todos trabajen de forma sistémica por un objetivo común.

En ese esfuerzo por lograr una unión familiar, es fundamental la misión que realicen los padres, son ellos los que se encargan de fundar las bases para que esa consolidación como familia salga adelante y sea replicada en los hijos. Así lo reitera el experto en el tema, Aníbal Cuevas:

“Considero básico y fundamental que el padre y la madre se amen y sean uno. Como ya se ha dicho, el mejor regalo que se le puede hacer a un hijo es que vea y perciba que sus padres se aman, ello genera una gran seguridad y tranquilidad. Sin lugar a dudas la unidad de la familia se basa en un matrimonio unido. Su comportamiento y forma de actuar va a incidir profundamente en la unidad familiar.”

Partiendo de este primer punto como eje cardinal de la unión familiar, el autor brinda las siguientes ideas:

Tratar a cada hijo con respeto y cariño. Dedicar un tiempo exclusivo a cada uno de ellos. Evitar comparaciones o que se sientan mejores o peores que los otros. Evitar las etiquetas (mentiroso, desobediente, vago …) y permitirles actuar de acuerdo a su edad y cultivar la virtud de la paciencia no gritando o insultando. Evitar el tono cínico o irónico al hablarle y escuchar, escuchar, escuchar.

Enseñar a pedir perdón cuando se ha hecho algo mal, cuando se ha molestado. La forma más eficaz de enseñar a pedir perdón es que lo hagan el padre o la madre cuando sea necesario.

Lucha personal ¿qué puedo hacer yo? Si bien es cierto que la lucha por vivir las virtudes es personal, anima mucho saber que los demás miembros de la familia están en la misma onda. Un hijo que sabe que su padre y su madre no se consideran perfectos y que aunque les cuesta, se esfuerzan cada día por ser mejores afronta mejor su propia mejora.

Comidas familiares y tertulias. Considero que son el eje fundamental para que la familia permanezca unida, casi me atrevería a afirmar que una familia que no come junta es prácticamente imposible que pueda permanecer unida.

Son cada vez más los estudios que demuestran el poder de la comida familiar no sólo para que la familia permanezca unida sino en la prevención de enfermedades, adicciones, fracaso escolar, etc.

Dada su importancia y trascendencia para la vida familiar conviene cuidar las formas y presentación en la mesa, preparar temas para charlar si se crean “silencios incómodos”. Aprovechar sobre todo para escuchar y también para dar criterio, contar cosas, preocupaciones, alegrías, comentar temas de actualidad, libros, películas, música.

Por supuesto la televisión y los teléfonos móviles o gadget electrónicos deben situarse muy lejos del espacio vital del comedor.

Compartir el ocio con actividades familiares. El tiempo libre es una gran escuela unidad familiar. Por eso es muy bueno compartir aficiones, hobbies, cultura, deportes, etc… Los padres deben proporcionar ocasiones para compartir el tiempo libre, deben saber hacer atractivo, dependiendo de la edades, hacer deporte juntos, acompañarles a verles jugar con su equipo, asistir a un concierto de música, oír con ellos en casa la música que les gusta (aunque a uno de guste poco), pasear por el campo, disfrutar de una puesta de sol, visitar el zoo, comentar un libro….

He dejado para lo último lo que considero lo fundamental como nexo de unión entre los hombres en general y la familia en particular, compartir la fe y una visión trascendente de la vida. Cuando se está en la misma onda porque los valores son los mismos se tiene mucho terreno ganado a la unidad familiar.

Esto tiene su comienzo a la hora de elegir la persona con la que voy a formar una familia, se fortalece en el noviazgo y llega a su punto más alto cuando se comienza a tener hijos a los que transmitir la fe. Creo que como en todo lo familiar, es fundamental que los hijos vean luchar cada día a los padres por ser consecuentes con lo que creen, también que les vean rezar y practicar juntos. La transmisión de la fe debe hacerse de una manera atractiva y amable, nunca imponiendo, siempre explicando.

Las familias más fuertes son las que creen, luchan y aman en la misma sintonía.

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