Niños por los pasillos, venta de drogas, corrupción y leyes impuestas por los propios internos son algunas de las características de la prisión de San Pedro, en La Paz, Bolivia, considerada una de las cárceles más controvertidas y peligrosas de los últimos tiempos.

El periodista y escritor australiano Rusty Young, quien en el 2003 dio a conocer las peculiaridades del presidio en su exitoso libro ‘Marching powder’ (‘Polvo que se va’ en español), regresó a San Pedro luego de 12 años. Su experiencia fue recopilada en un video para el programa ‘Sunday Night’ del australiano canal Seven Network de Yahoo.

Young, que permaneció en la cárcel durante un periodo de cuatro meses antes de la publicación de su ‘best seller’, asegura que la fabricación y venta de drogas de manera indiscriminada dentro y fuera de la prisión sigue siendo el mayor problema. Los narcóticos son considerados la ‘moneda’ a través de la cual se obtienen productos y servicios.

“Cada uno tiene que comprar su propia celda de la prisión y la calidad de estas varía de acuerdo a la cantidad de dinero que se tenga. Esto determinará en qué sección especial estará ubicado cada uno. Por lo tanto, son casi como pequeños suburbios”, explica Young.

Sin embargo, la situación más preocupante es la de los niños que habitan en ella. La mayoría de las familia de los condenados residen en la prisión y en muchas ocasiones los menores has sido víctimas de violaciones y abusos por parte de los internos.

Debido a las situaciones de violencia e impunidad que se viven frecuentemente dentro de San Pedro, sus propios habitantes han optados por la creación de ‘consejos’ mediante los cuales se juzgan y castigan a los violadores y abusadores. La pena de muerte es común en estos casos: “Son golpeados, ahogados y en muchas ocasiones, electrocutados”, señala el australiano.

Frente a la situación del recinto carcelario el Gobierno de Bolivia asegura que el nivel de organización creado por los mismo internos que incluye restaurantes, barberías, comercio e incluso un sistema judicial propio ofrece más beneficios y garantías a los niños hijos de presos que habitan en ella que los que el mismo Estado podría ofrecerles, concluye el periodista.

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