Apple decidió ofrecer un nuevo servicio de venta de música por streaming, para ponerles competencia a los reyes de este mercado –como Spotify o Deezer–. El anuncio ratifica la profunda transformación que ocurre en la industria de la música.

De acuerdo con el informe Reporte de la Música Digital 2015, que publica la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (Ifpi, por su sigla en inglés), el año pasado las ventas mundiales en este mercado llegaron a los US$14.970 millones.

La novedad es que por primera vez en la historia de este negocio, las ventas digitales alcanzaron US$6.850 millones, un aumento de 6,9%, y equipararon a las ventas físicas de discos: hoy, 46% del comercio se da en formato tradicional, mientras que otro 46% corresponde a descargas y streaming.

Es muy probable que este año la torta de ingresos para los músicos cambie de manera definitiva y que la música digital sea la nueva reina. En su informe, la Ifpi destaca que cada vez más el negocio consiste no en “poseer” música sino en “acceder” a ella. Lea también: La guerra por los contenidos musicales apenas comienza

Eso es lo que explica la decisión de Apple. La compañía tecnológica vendió en su último año fiscal US$182.795 millones. iTunes, la plataforma a través de la cual la empresa comercializa música y videos, logró ventas por US$10.200 millones. Sin embargo, la mayor parte de estos ingresos se explica por las descargas de aplicaciones y no tanto por las de música; por el contrario, estas mostraron una tendencia a la baja.

La decisión de Apple al dar el salto del negocio de descargas de música al de streaming es una ambiciosa apuesta por competir en el segmento que más viene creciendo. Con su decisión, la compañía tecnológica reconoce que cada vez más los consumidores no quieren comprar discos sino disfrutar de la música. En otras palabras, esta industria está dejando de ser un negocio de objetos para convertirse en uno de experiencias.

Las tendencias así lo confirman. Mientras Apple informaba que en su año fiscal 2014 las descargas de música cayeron, la Ifpi reveló que los servicios de suscripción por streaming son los que más vienen creciendo, a una tasa de 39% y logran un nivel de ventas de US$1.570 millones.

Actualmente hay 41 millones de usuarios por suscripción en todo el planeta; en 2010 eran apenas 8 millones, así que este mercado se ha multiplicado por cinco en este lustro. Los servicios por streaming ya representan 23% del total del mercado de la música digital.

Apple entra a engrosar el listado de más de 400 proveedores de servicios de streaming en todo el planeta. El mercado total tiene un portafolio de 43 millones de canciones con licencia.

Cante aunque no gane

En medio de esta batalla están los artistas, quienes son, literalmente, las verdaderas estrellas del negocio. Solo un intérprete o autor musical puede representarles a un sello disquero y a una firma de distribución millonarios ingresos. Por ejemplo, la canción Happy, de Pharrell Williams, logró el año pasado ventas digitales por US$13,9 millones.

Y las 10 canciones más vendidas lograron ingresos por US$105,6 millones. Dentro de los artistas más populares del mercado digital se encuentran, entre otros, Taylor Swift, One Direction, Ed Sheeran, Cold Play y Michael Jackson.

Por eso, los artistas quieren seguir teniendo la voz cantante. Por ejemplo, Taylor Swift ha sido una de las estrellas que ha liderado una posición crítica frente a las nuevas reglas del juego para los artistas en este competido negocio. Primero, Swift criticó en noviembre a Spotify y anunció su decisión de sacar toda su producción musical del servicio de streaming, pues consideraba que las condiciones de pago de la compañía con los artistas no eran justas.

La noticia cayó como un baldado de agua fría en la industria; pues al fin de cuentas, de los 40 millones de suscriptores que pagan por streaming en todo el planeta, 19 millones habían escuchado los temas de Swift.

Y todo parece indicar que, en este frente, son las empresas las que tienen la sartén por el mango, pues son las que administran la información total del mercado, qué artistas son los preferidos, cuántas veces han escuchado o descargado sus canciones, cuántos usuarios tienen sus redes, etc.

La administración de todo ese volumen de información está quedando en manos de las grandes firmas de tecnología para la distribución de música. Si bien antes las casas disqueras ostentaban el poder del mercado, la cantidad de discos que se vendían podía ser certificada más fácilmente pues ello implicaba un proceso industrial complejo.

Hoy, como ya se ve, una sola canción puede vender tanto como toda una producción musical y la forma de volverla viral no requiere mucha logística. El asunto es que la tarea de certificar las cantidades, los precios y los ingresos totales para un artista está en manos de un sistema que administran las compañías propietarias de la red y el software.

La sensibilidad frente al tema es mucha. Fue la misma Swift la que volvió a poner el dedo en la llaga hace unas semanas, cuando criticó la manera en que se comportaba Apple a la hora de lanzar su nuevo servicio de streaming, que entró en funcionamiento el pasado 30 de junio.

Apple había decidido entregar tres meses gratis de su nuevo servicio a todos los usuarios que se suscribieran. Lo que Apple no había anunciado oficialmente es que durante esos tres meses de prueba tampoco les pagaría a los artistas por el uso que harían sus suscriptores de la música. Taylor Swift puso el grito en el cielo y Apple tuvo que recular anunciando que haría los pagos respectivos a los artistas.

Sin embargo, en este frente todavía queda mucha tela por cortar. Muchas estrellas demandan seguir siendo tratados como los protagonistas del mercado. Prince, por ejemplo, anunció el retiro de todo su catálogo musical de las plataformas de Spotify y Apple Music, que solo estaría disponible en Tidal, el sistema de streaming del que son propietarios varios artistas, entre los que se encuentran el rapero Jay Z, Alicia Keys y Beyoncé, entre otros.

Estos compositores y cantantes lanzaron este servicio con la esperanza de que sean los propios artistas los que administren el mercado de la música; ellos no quieren convertirse en el eslabón débil de la cadena musical en el mundo.

En la pelea por esta millonaria industria todavía no está todo dicho. Lo único claro es que las personas están accediendo a la música de forma distinta. ¿Quién tiene la fórmula del éxito? Esa es una pregunta que todavía no tiene respuesta.

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