Los médicos aseguran que los niños necesitan vacunarse para estar protegidos frente a infecciones y virus muy peligrosos.

Gracias a la incorporación de los calendarios de vacunaciones, se ha erradicado la viruela y ha desaparecido la transmisión de la polio en gran parte del mundo. También ha disminuido la transmisión de enfermedades como el sarampión, tétanos, difteria o la rubeola en más de un 95%.

Pero, ¿qué ocurre si dejamos de vacunar a nuestros hijos?

El Dr. Valentín Alzina, director del Departamento de Pediatría de la Clínica Universidad de Navarra, explica que “las vacunas junto con la potabilización del agua y la lucha contra la desnutrición han sido los elementos más importantes para disminuir la morbilidad-mortalidad infantil”, explica. Desde que existen las vacunas, enfermedades como la difteria o la rubeola son muy poco habituales. Sin embargo, son enfermedades cuyos efectos pueden ser muy graves y provocar, incluso, la muerte. Por ejemplo, el sarampión en niños no vacunados puede ocasionar una encefalitis (inflamación cerebral grave que puede provocar secuelas neurológicas importantes) en 1 de cada 1.000 casos de sarampión. En una mujer embarazada, la infección por rubeola puede causar en su hijo malformaciones congénitas muy graves.

Aunque las informaciones que ponen en entredicho su eficacia tienen gran repercusión mediática, la realidad es que en países como España, en 2014, se incrementó la cobertura respecto al 2013, llegando al 90-95% para determinadas vacunas. Es interesante que para la vacuna triple vírica (Rubeola – Sarampión – Parotiditis) la cobertura en el 2014 fue del 93% (inferior por poco al 95% requerido para garantizar la eliminación del sarampión).

El Dr. Alzina explica algunas cuestiones que rodean al mundo de las vacunas:

Se trata de sustancias biológicas que producen una reacción parecida a las infecciones, pero sin producir la enfermedad. Así, el niño estará protegido para el futuro. Sin embargo, como cualquier medicamento, no están exentas de reacciones adversas leves, como fiebre, mareos, malestar general, dolor en el lugar de la inyección (en general leve y bien tolerada).

No es solo cosa de niños, los adultos también deben vacunarse. Hay un calendario para las vacunas contra el tétanos, difteria, tosferina y gripe. En la actualidad se recomienda vacunar contra la tosferina a toda mujer embarazada, para que su hijo nazca con defensas contra esta enfermedad. Para el resto, depende de si se vacunó en la infancia y de las enfermedades pasadas.

En la actualidad existe una protección de la población de no vacunados (por la llamada inmunidad de grupo o rebaño) debido a la presencia de un elevado porcentaje de individuos inmunes gracias a la vacuna. Por eso, existe una percepción de riesgo bajo si los padres no vacunan a sus hijos. Sin embargo, si no fuera por ellas o si se interrumpiera la vacunación, las enfermedades y epidemias reaparecerían.

El control de seguridad es uno de los más rigurosos y exhaustivos de las autoridades sanitarias. Se realizan no solo durante su elaboración, si no durante toda su utilización. Hay organismos (sistemas de farmacovigilancia) locales, nacionales e internacionales que registran todos los efectos secundarios para su análisis y tomar las medidas oportunas para su corrección (si es necesario).

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