Desvelado en los minutos finales de la película, este final secreto muy bien guardado del episodio 7 fue filmado en septiembre de 2014 en Skellig Michael Island (Irlanda), declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Desde 1977, esta saga del cine ha viajado a través de múltiples galaxias. En esta ocasión el director JJ Abrams, junto con los personajes de reparto y el equipo de rodaje, ha viajado hasta un pequeño pueblo irlandés llamado Portmagee, en el Condado de Kerry, que forma parte de la Ruta Costera del Atlántico. Desde allí navegaron durante 12 kilómetros hasta llegar a un lugar de ensueño, la isla de Skellig Michael.

A los lugareños se les dijo que se estaba grabando un documental, pero se quedaron impresionados al saber que lo que en realidad se estaba rodando en su comunidad era el nuevo episodio de la saga de Star Wars. Gerard Kennedy, propietario del Bridge Bar y de la pensión Moorings de Portmagee, ha comentado:

Toma aérea de la isla de Skellig

«Ha sido muy duro guardar el secreto. Para nuestro pequeño pueblo ha sido una experiencia extraña y maravillosa el poder ser parte de la historia de Star Wars. Disfrutamos de noches de música y baile en nuestro bar con el reparto y el equipo de rodaje. Mark Hamill incluso aprendió a tirar una pinta con nuestro camarero, Ciaran Kelly».

Para los viajeros, la televisión y el cine son dos soportes muy influyentes a la hora de decidir un destino nuevo al que viajar. De hecho, hasta un 35% de las personas que se decantan por un lugar u otro lo hacen en función de lo que han visto en pantalla. «El rodaje de Star Wars en Irlanda, acercará el magnífico paisaje de Skellig Michael a millones de personas de todo el mundo. Es una forma muy eficaz de llegar al público que no sólo ayuda a dar visibilidad a la isla de Skellig Michael en particular sino también al suroeste de la isla e Irlanda en general, lo que animará a la gente que vea la película a visitar la zona», concluye Niall Gibbons, CEO de Turismo de Irlanda.

A Skellig Michael sólo se puede acceder por barco. Aunque hoy en día está habitada únicamente por pájaros, hace más de un milenio los monjes se establecieron allí. Actualmente, las cabañas con forma de colmena en las que vivían se han reestructurado como atractivo turístico y pueden ser visitadas desde mayo a septiembre.

Kerry es también una de las tres únicas reservas Gold Tier International Dark Sky del mundo. La belleza de la franja de la Vía Láctea, la Galaxia de Andrómeda, los cúmulos estelares y las nebulosas conforman lo que se puede ver a simple vista sin ayuda de equipos astronómicos o filtros especiales.

Cómo es

A Skellig solo se puede llegar en barco

Las dos islas Skellig (Irlanda) están a unos 12 km del pueblo de Portmagee, en el Condado de Kerry. Estas islas, a las que se llega en barco desde Valentia, Portmagee o Ballinskelligs, son representativas de la naturaleza primigenia de la costa oeste de Kerry.

De las dos islas, la abrupta y puntiaguda Skellig Michael (Sceilig Mhichíl) es especialmente importante por su significado religioso e histórico. Ya desde el año 1400 a. de C. se encuentran referencias históricas de la isla, que se nombra además en las leyendas de Irlanda. Un relato que data aproximadamente de 200 d. de C. cuenta la historia de cómo Daire Domhain (“rey del mundo”) se preparaba aquí para una batalla épica con el guerrero Fionn mac Cumhaill (Finn McCool) y el ejército de Fianna. Pero lo que realmente distingue a Skellig Michael es que nos permite vislumbrar la vida de una comunidad de monjes que se aisló aquí, en esta isla golpeada por las tormentas.

Se cree que los asentamientos monásticos, unas cabañas de piedra en forma de colmena (llamadas «clochain» en gaélico) en la cima de la isla, datan del siglo VI. Según los historiadores, los monjes que construyeron este enclave monástico solían recorrer todos los días los más de 600 escalones que llevan hasta el agua para pescar su desayuno. Debía ser una existencia extrema y ascética, pero aun así los monjes vivieron aquí sin interrupción hasta el siglo XIII, cuando por fin se mudaron a Ballinskelligs en tierra firme, obligados por el empeoramiento de las condiciones meteorológicas.

Hoy en día, las cabañas siguen aguantando los embates del tiempo, y los visitantes deben subir los 600 escalones para llegar hasta ellas, así que no es una visita recomendada para personas con movilidad reducida. Si tienes vértigo también puede que la cima, a unos 218 metros del océano Atlántico, te resulte un poco demasiado alta. Pero si consigues subir, estar así de cerca de un pedazo de historia como éste es una experiencia inigualable.

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