No hace falta pensar mucho para concluir que en la base de numerosos conflictos que ocurren al interior de las familias, en las empresas, con los amigos o los vecinos, está la falta de paciencia.

Es un lugar común quejarse de impaciencia. Los papas la sufren día a día con sus hijos, estos a su vez los acusan de que no la tienen con ellos y en la pareja ambos se quejan de que el otro se impacienta, incluso por sucesos de poca importancia. La perdemos en las cosas cotidianas como esperar a ser atendidos en el banco, que nos abran la puerta cuando estamos de afán, con el trancón, el calor o con los días lluviosos.

En el mundo de hoy, en el que se promueve la velocidad, inmediatez y la ‘agilización’ de las actividades diarias, lo que, con frecuencia, se traduce en resultados rápidos, ser paciente es todo un desafío. El problema es que ese día a día se vuelve un estilo de vida que implica estados de ánimo permanentemente afectados, no ser capaces de parar una reacción impulsiva, niveles altos de frustración, expresiones agresivas si no conseguimos las cosas que queremos, cuando lo deseamos y de la forma que lo imaginamos o planeamos.

La paciencia va más allá de su acepción tradicional de actuar con tranquilidad y esperar sin enfadarse. Es una habilidad para la vida que tiene que ver con la capacidad para identificar, controlar y expresar las emociones. Es un gran recurso que es útil para los eventos más difíciles como la falta de trabajo, los problemas económicas o las enfermedades y una conducta inteligente frente a las innumerables vicisitudes de la vida cotidiana.

Aunque para muchas personas, hace parte de sus rasgos de personalidad afortunadamente, no es solo un don con el que se nace, sino una habilidad que se puede estimular y desarrollar si nos permitimos acciones más amigables con ella.

Desarrollar la empatía

Tiene que ver con el hecho de cambiar la crítica por la comprensión, pues comprender nos permite tolerar lo que a veces no soportamos de los demás y respetar su ritmo y estilo propio de hablar, pensar o sentir, especialmente cuando no coincide con el nuestro.

Igualmente, también está relacionado con aceptar que no siempre tenemos el control ni podemos cambiar el devenir de las cosas.

Atreverse a actuar de manera diferente

Tener la apertura para cambiar creencias y maneras de hacer las cosas. Por ejemplo, aprender el complejo arte de estar en el presente, aquietar la mente y el cuerpo. Algunos dicen que la impaciencia es una trampa del yo para mantenerse en el futuro. Comienza por tener conciencia que al estar de prisa perdemos demasiadas cosas valiosas, como darnos la oportunidad para vivir cada experiencia a la vez. Además, sigue con renunciar a hacerlo todo rápidamente, realizar varias cosas al tiempo, no perderse de nada, ser el primero o ganar siempre.

Autocontrol

El manejo de nosotros mismos, es una de las claves más importantes para lograr responder con serenidad y calma cuando las cosas no son como esperamos; persistir e intentar de nuevo cuando no logramos alcanzar lo que nos proponemos y saber distinguir entre una acción precipitada e imprudente frente una a tiempo y conveniente. Algunas maneras de modular las emociones están relacionadas con aceptar que no podemos controlarlo todo, ni responder a todas las exigencias, ser indulgentes con los errores propios y ajenos, hacer el ejercicio de ir mas despacio, quitarle importancia a las cosas y en cambio ponerle mas humor.

Ver los beneficios

Sortear con paciencia los diferentes momentos de la vida está asociado con sensaciones de bienestar, satisfacción y de equilibrio en las relaciones con los demás y con uno mismo. Una conducta sosegada, más calmada e inteligente en los momentos desafiantes de la vida lleva a obtener mejores opciones y resultados. Al contrario, la sensación de impaciencia equivale a gastar preciadas energías y nos hace a vivir el día a día en medio del agobio y la angustia.

Cambiar las creencias

Muchas cosas se oponen a la paciencia, una de ellas es el mandato moderno de que ir rápido es sinónimo de eficiencia y gran capacidad. Partimos de la premisa de que el ser paciente va en contravía de un ritmo de vida productivo, exitoso e inteligente. Pero no hay que confundir la paciencia con la pasividad, la falta de exigencia o con dejar que todo corra a nuestro alrededor sin actuar y esperando que las cosas ocurran de manera espontánea.

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