La Bastilla era una fortaleza medieval en el centro de París que se utilizaba para encarcelar a las personas que tenían una “lettre de cachet dictada por el rey, es decir, los prisioneros no tenían un juicio y sólo estaban ahí debido a la arbitrariedad de la monarquía.

Sin un uso militar justificado, con un alto coste de mantenimiento mientras el hambre acosaba al pueblo e instalaciones utilizadas para encarcelar y torturar inocentes, La Bastilla consiguió ganarse el odio de toda la sociedad.

En 1784, Necker, el ministro de finanzas de Luis XVI, consideró su cierre debido a estos problemas, aunque no fue hasta 1789 que esto se volvió realidad cuando finalmente cayó. Es por eso que su toma fue algo completamente distinto a lo político y estratégico, además cuando fue tomada sólo tenía 7 presos y escasa vigilancia.

La principal razón de su importancia es que con ella se consideró el comienzo de la insurrección revolucionaria por el rey.

Según la historia de estos episodios, la mañana siguiente Rochefoucauld-Liancourt informó a Luis XVI de la toma de la Bastilla, el cual preguntó: “¿Es una rebelión?”, obteniendo como respuesta: “No, Señor, no es una rebelión; es una revolución”.

El Día Nacional de Francia, el 14 de Julio, se celebra entonces desde 1880 y no directamente en base a la toma de La Bastilla sino también por la Fiesta de la Federación de 1790, con la cual coincidió su fecha, conmemorando la unidad y reconciliación de los franceses.

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