¿Fue la traición un elemento indispensable para la propagación de la especie humana en el mundo? Al menos eso indica una reciente investigación de arqueólogos de la Universidad de York, Reino Unido.

El artículo publicado por la revista Open Cuaternary propone que el cambio de velocidad a la que los humanos pasaron a desplazarse por el planeta hace unos 100.000 años se puede haber debido a alteraciones en el intercambio emocional de las relaciones humanas. Hasta entonces, todas las migraciones habían sido determinadas por eventos ambientales causados por cambios demográficos o ecológicos. Algo cambió hace 100.000 años… Para Penny Spikins, autora principal de la investigación, fue cuando los compromisos vinculares se volvieron vitales para la supervivencia, y se desarrollaron técnicas para identificar y castigar a quienes los rompieran; de esta manera, los conflictos morales, la falta de confianza y el sentido de traición crearon la necesidad de tomar distancia de los rivales.

Esto, más que cualquier cambio ambiental, propició la gran velocidad a la que los humanos comenzaron a viajar por todos los rincones del mudo, superando barreras geográficas de todo tipo. Fueron las deslealtades las que habrían llevado a los humanos a dispersarse por entornos incluso poco acogedores: para evitar a antiguos amigos o aliados descontentos. “Aunque vemos en la dispersión mundial de nuestra especie un símbolo de nuestro éxito”, concluye Spikins, “parte de las motivaciones de esta dispersión reflejan en realidad un lado más oscuro, aunque no menos ‘colaborativo’, de la humanidad”.

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