Como suele ocurrir, una desgracia nunca viene sola: a los horrores de la peste bubónica se sumaron los de la Guerra de los Cien Años.

Ésta fue una determinante crisis de la Baja Edad Media, a la peste negra se unieron guerras, catástrofes climáticas, inestabilidad social, hambre… La desolación y el caos reinaban causados por una de las peores pandemias de la Historia, aunque no sería la última.

A lo largo de la Historia, siempre surgieron plagas mortíferas como si fuesen un enemigo invisible que se empeñase, periódicamente, en aniquilar a los seres humanos.

En el siglo XIV, no se produjo la primera manifestación de la peste negra, la infección más letal que se conoce. Ya había aparecido antes en el año 542, en Constantinopla y se conoció como Plaga de Justiniano, después se fue reproduciendo en cliclos de ocho o doce años hasta desaparecer por completo en el año 700. Según cifras estimativas, la peste de la Antigüedad se llevó a un total de más de 200 millones de personas.

La llamada “peste negra” (o “peste bubónica”) comenzó, supuestamente, en Asia. Se cree que ese mal que diezmaba a la población asiática fue utilizado como arma de ataque: los cadáveres infectados eran catapultados por encima de las murallas de una colonia genovesa situada en Crimea. Los agresores ignoraban que los agentes letales eran los ratones que se iban infiltrando en la ciudad. En torno al año 1346, la epidemia viajó en los barcos genoveses de regreso a Europa a través del ratón negro cuyas pulgas transmiten la mortífera dolencia.

Se estima que la terrible epidemia mató a 25 millones de personas en Europa, un tercio de la población; en Asia y África alrededor de 30 o 40 millones de muertos. Un verdadero horror que persistió tres años y asoló a pueblos y ciudades y nadie sabía como combatirlo, ni siquiera el frío invernal de Irlanda, Escandinavia o Rusia lo contenía; aunque era más activa en verano y afectó con más intensidad en el Mediterráneo.

Siglos después, en 1918, el Viejo Continente asistiría a otra pandemia, la llamada “gripe española” que aniquiló en un año a más de 50 millones de personas. La epidemia comenzó en Estados Unidos y fue transportada a Europa por los soldados que habían combatido en la I Guerra Mundial. Dado que las partes en conflicto censuraban la información sobre la dolencia, las noticias llegaban a través de España, que se mantenía neutral en el conflicto, razón por la cual se bautizó con ese nombre.

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