Una reciente investigación del BID demuestra que hasta el 10% del PIB regional puede ser el costo implícito del crimen, el temor por la inseguridad, el costo de la justicia y lo que se paga por lesiones personales.

En una sociedad como la latinoamericana con altas tasas de homicidio, baja percepción de seguridad y donde prácticamente cada vivienda en las grandes ciudades está amurallada por un sistema de rejas y alarmas, el costo implícito del crimen se dispara por los aires.

Esta región es la más violenta del mundo. En ella habita el 9% de la población mundial pero se registra el 33% de los homicidios.Inclusive, aunque se suele aceptar que entre mayor sea el nivel de ingreso, la tasa de homicidios será menor, en América Latina el número de asesinatos es mucho mayor de lo que debería ser con su nivel de ingreso.

Otro dato interesante es que la región tiene la mayor cantidad de policías en el mundo, aproximadamente 307 por cada 100.000 habitantes. Sin embargo, no es muy eficiente ya que su número de homicidios es muy superior al de las demás zonas.

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¿Pero realmente cuánto cuesta el crimen?

Un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) titulado “los costos del crimen y la violencia en el bienestar en América Latina y el Caribe” arroja ciertas luces.

El verdadero costo del crimen se llama en economía “el costo del crimen en el bienestar”. Estos costos incluyen los directos como las lesiones, los daños a la propiedad y las pérdidas materiales. Pero también engloban lo que se gasta en prevención del crimen, el costo del sistema de justicia penal, la disminución en la productividad e inclusive el costo indirecto por el temor al crimen.

Un ejemplo de este tipo de costos, que no se suelen tener en cuenta, es el de oportunidad en el desarrollo de los niños con familiares lesionados por el crimen o que viven en hogares donde reina la violencia. También, las personas pueden cambiar sus hábitos por temor, llegando a recorrer caminos más largos o incluso pagar por un transporte más costoso con tal de evitar llegar tarde a los hogares.

Los efectos sobre el empleo también son importantes. A nivel municipal, un incremento en la tasa de homicidios conlleva un aumento de 1,5% en la tasa de desempleo, una baja cercana al 0,4% en la proporción de personas propietarias de negocios y una reducción del 0,5% en la proporción de personas auto-empleadas.

Calculando el precio del temor

Aunque existen pocas investigaciones para calcular el valor del crimen, hay estudios en Estados Unidos que permiten conocer cuánto está dispuesta a pagar una familia promedio para disminuir la violencia por armas de fuego.

Los resultados rondan en promedio los US$200 dólares por disminuir el 30% del crimen en la comunidad evaluada. Una cantidad relativamente pequeña teniendo en cuenta que el costo de un robo puede alcanzar los US$25.000 y hasta US$232.000 por lesión como consecuencia de un asalto armado.

Se ha llegado a comprobar que en América Latina el costo de los delitos contra la propiedad fácilmente puede alcanzar el 5,1% del PIB y hasta 3,6% en policía, justicia penal y sistema de salud para afectados.

En términos del costo de la productividad laboral, ya sea por el consumo de drogas, lesiones personales, proliferación de pandillas y otros factores llega hasta el 7,1% del PIB regional. En total varios análisis han llegado a concluir que los costos anuales totales del crimen tanto directo como indirecto pueden costar hasta el 10% del PIB regional.

Los autores concluyen que el costo agregado de la violencia urbana equivale al 12,1% del PIB regional. Asimismo, el análisis refleja variaciones regionales significativas: mientras que el costo económico de la violencia ronda el 5% y 10% del PIB en Perú y Brasil, en El Salvador y Colombia es cercano al 25%.

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