Para el ser humano, entender a los animales y su universo ha sido una tarea incansable desde el comienzo de los tiempos. Así es que se lograron descifrar muchos de sus comportamientos, y malinterpretar otros.

Pero además, a muchos de ellos se los ha cargado con diversas creencias y supersticiones que, más que tener una base en hechos fácticos de la naturaleza, se apoyan en el intento de humanización: el ser humano busca ver constantemente rasgos en los animales homologables a los propios, y esto a menudo puede ser contraproducente en nuestra relación con ellos y derivar en interpretaciones erróneas como el creer que los tiburones o las orcas son agresivos ‘por naturaleza’; o que los gatos negros son capaces de transmitir la mala suerte mientras que las tortugas o los hipocampos la buena.

El problema es que muchas veces esto impide ver a los animales tal cual son, poniendo en primer plano la fama impuesta externamente. Y cuando ésta es negativa, todo empeora. Un buen ejemplo de ello son los integrantes de la familia de los córvidos, como por ejemplo los cuervos y las urracas, de los que se tiende a creer que son pájaros belicosos y de mal agüero.

Esta mirada sobre ellos opaca datos curiosos que muy pocos conocen como, por ejemplo, que los cuervos y los lobos son buenos amigos: no sólo suelen trabajar codo a codo para conseguir su alimento, sino que además comparten largas sesiones de juegos.

Seguramente tampoco sepas que estas aves son excepcionalmente curiosas, atentas, cooperativas, ingeniosas y muy inteligentes (de hecho, se ha comprobado que su inteligencia llega a equipararse con la de un niño de siete años, siendo capaces de resolver diversas tareas y hasta de construir herramientas de ser necesario).

Otro cualidad negativa atribuida a estas aves es la de ser ‘dañinas’, con una supuesta tendencia a destruir cultivos o a atacar a otras especies que se desarrollan cerca. Por esta razón, son objeto de varios esquemas de control poblacional (tanto en entornos silvestres como de conservación), en los cuales se busca retirarlas del entorno para mejorar las posibilidades de vida y número de ejemplares de otras aves. Pero un grupo de investigadores de la Universidad de Ciudad del Cabo y del Instituto de Investigación en recursos cinegéticos (IREC) de Castilla, se propuso desmentir esta creencia y demostrar que los esquemas de control no son necesarios ni efectivos.

Para ello se empleó una compilación de 42 estudios previos y se analizaron más de 326 interacciones registradas a lo largo de nueve países (entre ellos Francia, España, Reino Unido y Estados Unidos), con el objetivo de observar el impacto de los córvidos sobre sus presas potenciales, como por ejemplo las aves de caza y las paseriformes.

La metodología consistió en aislar cuervos, cacalotes y urracas, entre otros depredadores, de sus medios y medir luego su influencia en la reproducción y abundancia de otras aves. Los resultados de la investigación -publicados recientemente en la revista Ibis- dejaron al descubierto que la misma es mucho menor de lo que se pensaba.

Al respecto, Beatriz Arroyo –investigadora y autora del estudio- señaló que “en el 81 por ciento de los casos estudiados, los córvidos no representaron un impacto discernible en sus presas potenciales. Además, en el seis por ciento de los casos, se observaron algunas relaciones aparentemente beneficiosas”.

Sucede que, aunque se registró un alza en las tasas de supervivencia de crías y el número de huevos de otras especies  al retirarse los córvidos del entorno,  su abundancia prácticamente no varió (de hecho, ésta cayó casi en un 10 por ciento de los casos).

Además, se observó que si se eliminan a los córvidos de un hábitat, pero se dejan allí a otros depredadores, el impacto en la productividad de las presas analizadas arrojaría números positivo sólo en un 16 por ciento de los casos; mientras que si se retiran ambos grupos la productividad de otras aves mejoraría en el 60 por ciento. Es decir, los cuervos, cacalotes y en especial las urracas tienen menor impacto en sus presas que el que ejercen otras amenazas.

Todo esto permitió a Arroyo asegurar que los métodos de gestión de las poblaciones de córvidos “son frecuentemente ineficaces e innecesarias”, por lo que será mejor comenzar a replantearse la percepción que se tiene de ellos y la forma en la que entablamos nuestras relaciones.

¿Sabías todo esto sobre los cuervos y las urracas? ¿Qué opinas de este estudio?

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