Los diez días calendario que nunca existieron

En el mundo suceden y han sucedido cosas todos y cada uno de los días. Sin embargo,sería en vano rastrear los acontecimientos ocurridos entre el 5 y el 14 de octubre de 1582, sencillamente porque estos diez días nunca existieron.

A la noche del jueves 4 de octubre de 1582, le sucedió la mañana del viernes 15 de octubre de 1582. ¿Qué sucedió entretanto? La respuesta está directamente relacionada con el calendario empleado hasta la noche del viernes, reemplazado por uno nuevo y más perfecto, la mañana del viernes.

Desde que el hombre comenzó a medir el tiempo, fueron confeccionados todo tipo de calendarios, imprecisos en la mayoría de los casos, incluyendo el instaurado por el emperador Julio César, algunos años antes de Cristo. Si bien el desfase de este calendario era bien conocido en la Roma Antigua, su error fue lo suficientemente pequeño como para preocuparse en lo inmediato.

Sin embargo, 15 siglos más tarde, el desfase se tornó insostenible. Para cuando Christopher Clavius, asesor astrónomo del papa Gregorio XIII, supo calcular el error en el calendario juliano, la distorsión ya se había comido 10 días completos. Para corregirlo, fue instaurado un nuevo calendario, conocido como calendario gregoriano, vigente hasta hoy.

En apariencia, el calendario juliano y el gregoriano resultan muy similares, al basarse igualmente en la medida del año trópico; esto es, el tiempo que transcurre hasta que la Tierra vuelve a pasar por el mismo equinoccio, o el mismo solsticio. Así, en los dos casos, el año consta de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45 segundos.

Sin embargo, la diferencia está dada por un pequeño gran detalle: el calendario juliano redondeó el año a 365,25 días, y no contempló la importancia de algunos pocos segundos sin computar, que al cabo de 15 siglos acumularon un total de 10 días.

Para el año 1582, en ocasión de la Pascua, que debía celebrarse el domingo siguiente al plenilunio posterior al equinoccio de primavera, el desfase del calendario juliano quedó en evidencia. El equinoccio, que debía ocurrir el 21 de marzo, se produjo el día 11 de ese mes, lo que perturbó seriamente a Gregorio XIII, que designó una comisión de sabios jesuitas para recomponer el calendario.

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