Los gatos son mamíferos considerados en la mayoría de las civilizaciones como mascotas o animales de compañía, gracias a su pequeño tamaño y su independencia se vuelven el acompañante ideal para aquellas personas que no disponen de mucho tiempo para atender a sus mascotas. Como todo animal tiene varias razas, las cuales se diferencia en rasgos, tamaños y colores; sin embargo, hay una en particular que se considera de mala suerte: los gatos negros.

Para las personas supersticiosas la presencia de un gato con pelaje negro es una representación física de la mala suerte o un mal augurio. De manera que cuando la persona se cruza con uno de estos animales inmediatamente debe cambiar de dirección o buscar la forma de alejarse lo más pronto posible.

La razón de esta superstición se remonta a la sociedad europea del siglo XVI, cuando a las mujeres que preparaban brebajes extraños o hacían cosas diferentes a las socialmente aceptadas se les acusaba de brujas. Entonces se creía que los gatos negros eran mujeres transformadas en animales y que este tipo de hechizo o magia estaba ligada al diablo, por eso cuando se veía un gato negro se le sacrificaba, al igual que a las mujeres acusadas de hechiceras.

Las culturas fueron evolucionando hasta que hoy día ya no se le acusa al animal de traer mala suerte, pero aún existen personas algo supersticiosas que dicen que ver un gato negro por la calle significa un mal augurio, alguna complicación o un accidente.

Sin embargo, también hay culturas que los alaban y protegen. En este sentido, los primeros en adoptar al gato como figura mística fueron los egipcios, ya que se pensaba que sus cuerpos albergaban el alma de personas reencarnadas de la muerte. Actualmente, culturas como la escocesa y la japonesa piensan que tener un gato negro en el hogar es de buena suerte y trae abundancia a la casa.

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