Los problemas asociados con castigos físicos son ya conocidos. Pero los padres que nunca pensaron en darle a sus hijos terminan gritándoles cuando los pequeños los llevan al borde.

Un estudio de la  Universidad de Pittsburgh y de la Universidad de Michigan, publicado por Child Development, encontró que los efectos de este tipo de disciplina verbal es más grande lo que los padres sospechan. Los padres que gritan a los hijos tienen que redefinir su estrategia.

Un ciclo vicioso

Cuando un padre le grita a los hijos usualmente es porque los niños se comportan mal. Si los padres reaccionan así, los niños reaccionarán portándose peor. A veces el ciclo se sale fuera de control.

“Es un círculo vicioso”, dice el autor del estudio Ming-Te Wang. “Es difícil para los padres porque [esta relación] va en las dos direcciones. Los problemas de comportamiento de los niños le dan a los padres el deseo de ser más severos en la disciplina verbal, pero ese método empuja al adolescente hacia problemas de conducta”.

La disciplina verbal severa (HVD por sus siglas en inglés) es definida como “una fuerza psicológica con la intención de causarle al niño dolor emocional o incomodidad con el propósito de corregir o controlar su mal comportamiento”. Simplemente le gritamos a nuestros hijos para tratar de que dejen de hacer lo que están haciendo, provocando que se sientan mal con ellos mismos o por lo que están haciendo.

HVD puede ser diverso. Los padres pueden usar la intimidación al gritar, tratan de llamar su atención maldiciendo o pueden usar la humillación, diciéndole adjetivos como vagos o tontos.

Muchos padres han estado ahí. Un estudio indica que el 90 por ciento de los padres americanos reporta uno o más episodios usando HVD hacia sus hijos.

Sarah Kenny encontró que la dura disciplina verbal está relacionada a problemas de conducta y comportamiento, y aumenta los niveles de agresión y problemas interpersonales entre los niños. Los gritos agresivos hacen que el niño se sienta rechazado y sienten que no le gustan a sus padres, lo que provoca un resultado negativo.

Efectos secundarios emocionales

Cuando un padre actúa con hostilidad hacia un niño el niño tiende a ser agresivo, se irrita y discute más. En vez de sentirse amado, él estará sospechando de sus padres mal humorados y sintiendo la necesidad de defenderse, lo que lleva al mal comportamiento.

La dura disciplina verbal aumenta la depresión, porque el niño piensa que es “inservible”, “no vale nada” o es “inferior”; como sugieren las críticas de sus padres. El niño puede volverse severamente auto crítico, tener baja autoestima y escoger alternativas pobres (no positivas) en su comportamiento y en su grupo de amigos.

A veces la educación estricta de los padres va de la mano con estilos positivos de paternidad.  Esto es, que los padres expresan candidez, preocupación, comodidad y mucho amor hacia sus hijos. Los niños interactúan más con sus padres para expresar amor y afecto. Sin embargo, ese amor no puede disminuir el impacto negativo que ya tuvo el ser tan severos en la disciplina verbal.

El daño

Las conclusiones del estudio fueron claras. Gritar no ayuda. La disciplina severa no solo no es efectiva, sino que provoca cosas negativas, como problemas psicológicos a largo plazo para los niños y daña la relación de padres e hijos.

Ser amoroso luego de un episodio de gritos no elimina el daño. Los castigos verbales se tragan la confianza del niño con su padres. Los padres que quieren cambiar el comportamiento de los hijos deben comunicarse con ellos, explicarle sus preocupaciones.

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