Decía Francis Bacon que los Jardines Vaticanos eran el más puro de los placeres humanos y el mayor consuelo para el espíritu.

Probablemente haya infinidad de sensaciones al recorrer senderos que no sabes adónde te llevarán y que tampoco preocupa, porque a cada paso te interrumpen la mirada imnensos y frondosos árboles cuyos intensos colores hacen perder la noción del tiempo o dan la sensación de estar dentro de un cuento…A un lado, una virgen clásica que te invita a reza convive sin chocar con una realizada en hierro y materiales de desecho («el signo de la creatividad de la que somos capaces aún con una materia prima de descarte», según el Papa), como es el caso de una reproducción de la Virgen del Luján de Argentina y un imponente Cristo obrero frente a la Madre, ambas imágenes bendecidas por Francisco y realizadas por el artista argentino Alejandro Marmo.

Virgen del Luján y el Cristo obrero

Será por estar a espaldas de la Basílica de San Pedro o casi a los pies del sencillo edificio de Santa Marta, donde reside el Papa, cualquiera sea el motivo, los Jardines Vaticanos son un verdadero remanso. Es difícil no sentirse en medio de un bosque encantado, en un lugar perfecto para el reposo y la reflexión.

Puede que influya la fe, o puede que influya el contraste con el bullicio, el desenfreno, y sobre todo, las motos de una ciudad como Roma. Aunque sería injusto afirmar que alguien en su sano juicio quiera huir alguna vez de la hermosa Roma. En cualquier caso, los Jardines Vaticanos merecen una visita obligada, no solo por su belleza sino por todo lo que puede descubirse allí.

Santa Marta

Muy llamativa al inicio del recorrido es lo que quedó de una estación de tren (sí, allí dentro) del Estado Vaticano, que dejó de funcionar hasta que el Papa Francisco decidió ampliar los itinerarios y las visitas a todo el que quiera visitar las Villas Pontificias de Castelgandolfo. Desde entonces, concretamente septiembre de este año, se reinauguró la antigua estación de tren cuyo recorrido parte del Vaticano, pasa por Castelgandolfo y llega a Albano Laziale. Por primera vez, los visitantes podrán visitar el Palacio Apostólico.

La estación ya ha sido frecuentada alguna vez por los papas, como en octubre de 1964, cuando el Juan XXIII fue a Loreto y Asís.

Conforme se avanza por los jardines, una pequeña colina genera más misterio y exige echar la vista atrás a cada paso porque las vistas se van haciendo cada vez más impresionantes. Por momentos, solo se ve la imponente espalda de la Basílica y conforme se sube, se asoma, tímida, la bella Roma.

Vistas de la Catedral de San Pedro y de Roma desde los Jardines

Ya en lo alto, se puede ver más de cerca, aunque ya se impone a lo lejos, la Torre de San Juan. De estilo medieval, actualmente funciona como sede de la Secretaría de Economía. Allí se alojaron en su momento algunos huéspedes de los distintos Pontífices y fue donde Benedicto XVI recibió a Geroge W. Bush en 2008.

Es precisamente Ratzinger uno de los más ilustres y frecuentes visitantes de los Jardines. No es difícil encontrarlo dando paseo, ya sea andando o en su coche. De hecho, el Papa emérito reside en el convento «Mater Ecclesiae» ubicado en los jardines y de apariencia muy austera, algo parecido al edificio de Santa Marta en cuanto a sencillez y ausencia de lujo.

El convento fue construido en 1992 por deseo Juan Pablo II. El edificio tiene cuatro plantas y entre el segundo y tercer piso hay doce celdas monásticas. En la parte de abajo del edificio se encuentran el refectorio, la cocina y la enfermería.

La parte nueva cuenta con 450 metros cuadrados y alberga la capilla y el coro, así como una la biblioteca.

Convento «Mater Ecclesiae»

Cerca de la Torre de San Juan, se encuentra el templete de SantaTeresa de Lisieux, protectora de los Jardines. Llama la atención ver a su alrededor algunas plantas, como es el caso de la palmera de la jalea que posee hermosas flores rojas que recorren las paredes que están al lado del templete, así como palmeras californianas y la conocida como palmera de San Pedro, que es la única palmera original de Italia. Pero si toca hablar de plantas, probablemente el premio se lo lleve la hermosa y gigante enredadera verde, rojiza y amarillenta, pegada a los muros que rodean la torre.

Una visita obligada merece la fuente de las Águilas, la «Fontana di Trevi» vaticana, a la que no hay que echar monedas pero que puede visitarse ahora que la más famosa está en construcción y completamente vallada.

La Fuente de las Águilas impresiona desde lo lejos, no solo por sus dimensiones, sino también por su belleza.

Está rodeada de plantas y el agua emana en forma de cascada dando una inolvidable postal en medio de los jardines.

Fuente de las Águilas

Otra parada imprescindible es la Gruta de Lourdes. Es una de las zonas más hermosas de los jardines, donde el silencio y la tranquilidad parecieran agrandarse. Está apartada y a unos 71 metros de altura sobre el nivel del mar. Da la sensación de estar en una pequeña capilla en los Jardines. Francisco, un día después de su nombramiento como Papa, visitó la Gruta y ofreció oraciones ante la estatua de la Virgen. Se trata de una réplica de Massabielle, donada por los franceses al Papa León XIII en 1902.

La Gruta de Lourdes

Casi al final del recorrido, y muy escondido en los jardines (incluso da la sensación que es un área restringida), aunque depende por donde se ingrese, se encuentra la Casina Pio VI. Completada en 1561 como residencia de verano del Papa Pío IV, contiene frescos, relieves, mosaicos y fuentes.

Casina Pio VI

La Casina es el corazón de la Academia Pontificia de Ciencias donde aún se celebran reuniones.

Academia Pontifica de las Ciencias

También merecen especial atención la cantidad de imágenes de vírgenes provenientes de Latinoamérica. A cada paso, en algún rincón, hay imágenes de las patronas de América, como por ejemplo, el caso de las vírgenes de El Salvador, Honduras o Cuba.

Vírgenes en los Jardines Vaticanos

Cualquier rincón de los jardines tiene una magia especial. Definitivamente, es imposible olvidar que a pocos metros está el Papa o que unos minutos o días antes, meditó entre los árboles que ahora nos toca recorrer.

Al final, el emblema pontificio, por supuesto realizado con plantasy flores, coronan este paraíso en la tierra.

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