Durante décadas, Medellín fue sinónimo de la guerra del narco, un lugar donde imperaba el terror. Los turistas evitaban visitar la ciudad colombiana. Sin embargo, la metrópoli ha superado su pasado sangriento y espera ahora que mejore también su imagen internacional.

Un pájaro todavía recuerda los viejos tiempos. La panza y la cola de la estatua de bronce en la plaza de San Antonio, en el centro de Medellín, están completamente desgarradas. Solo la cabeza mira impasiblemente hacia la altura. En 1995, la guerrilla de las FARC había escondido una bomba debajo del pájaro de bronce del artista colombiano Fernando Botero. La explosión, que se produjo durante un festival de música en la plaza, mató a al menos 30 personas y dejó más de 200 heridos.

 Por decisión de Botero, su estatua destrozada ha quedado en el lugar como monumento contra la violencia. Junto a ella colocó la estatua de un pájaro nuevo, intacto.     La explosión del “pájaro de la paz” fue el clímax del terror y la violencia en esta ciudad del noroeste de Colombia y marcó al mismo tiempo un cambio.
Medellín es conocida como "la ciudad de la eterna primavera", y cada año se celebra la Feria de las Flores.
Dos años antes, a pocos kilómetros de la plaza, había sido abatido a tiros el narcotraficante Pablo Escobar. Durante décadas, el poderoso y brutal capo de la droga atemorizó a los habitantes de Medellín y prácticamente aisló la ciudad del resto del mundo.   “Medellín era algo así como un símbolo de la guerra del narco”, dice Ricardo Rodríguez mientras conduce su taxi amarillo por las calles accidentadas de esta metrópoli de casi tres millones de habitantes. “Durante todos esos años casi ningún turista se atrevió a venir aquí”.
Los barrios pobres diseminados por varias colinas ahora están comunicados con el resto de la ciudad mediante escaleras mecánicas y funiculares.

Y eso que la segunda ciudad más grande de Colombia siempre ha ofrecido muy buenas condiciones para el turismo: gracias a su ubicación en el Valle de Aburrá, entre montañas verdes, el clima es durante todo el año templado, lo que le valió a Medellín el sobrenombre de “ciudad de la eterna primavera”.

En la metrópoli colombiana, en la que viven tres millones de habitantes, hay mucho tráfico.

Durante mucho tiempo, la pobreza y la violencia mantuvieron a los turistas alejados de Medellín. Sin embargo, en los últimos años la ciudad se ha reinventado a sí misma y espera ahora que también mejore su imagen internacional. Mediante grandes proyectos de infraestructura, la urbe se ha ido convirtiendo en una de las ciudades más avanzadas y más acogedoras de América Latina.

El funicular comunica los barrios pobres con el centro de Medellín.

Por ejemplo, la ciudad instaló un sistema de tren elevado rápido y limpio y mandó construir varias bibliotecas y museos que destacan arquitectónicamente. Los barrios pobres diseminados por varias colinas ahora están comunicados con el resto de la ciudad mediante escaleras mecánicas y funiculares. “Antes, la gente aquí en los barrios pobres tenía que viajar un día para acudir a una entrevista de trabajo o a una oficina pública”, relata la estudiante Julia Colzanes. Actualmente, los funiculares y las escaleras mecánicas incluso se han convertido en una atracción turística.

 Uno de los pájaros de bronce de Botero dela Plaza de San Antonio sufrió un atentado de las FARC en 1995.

También Escobar atrae a turistas. Ellos visitan, por ejemplo, la tumba del capo de la droga, situada en la periferia de la ciudad. “Cada día vienen aquí 40 o hasta 50 personas, todos turistas”, dice el vigilante del cementerio, Federico Arroyave. También hay visitantes que quieren ver el tejado donde murió acribillado y el ático donde vivía. Incluso se organizan visitas guiadas a esos lugares.

 Uno de los pájaros de bronce de Botero dela Plaza de San Antonio sufrió un atentado de las FARC en 1995.

Muchos colmbianos, sobre todo entre los pobres, siguen admirando a Escobar como una especie de Robin Hood. Sin embargo, el ayuntamiento de Medellín se ha pronunciado categóricamente en contra del narcoturismo.   Da igual por qué los turistas quieren venir a Medellín, dice Rodríguez, el taxista. “Lo más importante es que vengan y se den cuenta de que aquí en Medellín somos y seguimos siendo gente simpática, amable y afectuosa”.

La Plaza Botero es uno de los lugares más visitados por los turistas.

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