Por primera vez en su historia, los usuarios de las últimas versiones del sistema no tendrán que pagar por actualizarse a Windows 10.

La llegada el miércoles 29 de julio de Windows 10 supone un hito en la historia de Microsoft. Por primera vez desde que lanzó el primer Windows hace treinta años, la compañía pone a disposición de millones de usuarios una versión totalmente gratuita de su sistema operativo.

Durante el primer año tras el lanzamiento, los usuarios de Windows 7 y Windows 8.1 podrán actualizarse gratuitamente a Windows 10, un único sistema para múltiples dispositivos (desde PC hasta móviles, pasando por la consola Xbox e incluso dispositivos del Internet de las cosas), con funcionalidades como el asistente de voz Cortana y el navegador Edge.

En la actualidad, hay 1.500 millones de equipos con el sistema de Microsoft, de los que se estima que el 80% tiene las versiones que se pueden actualizar gratuitamente.

La decisión de Microsoft era inevitable en una industria donde la norma es no pagar por actualizar el sistema operativo. Ni Apple ni Google cobran a sus usuarios por las actualizaciones de iOS, OS X y Android. Ambas subsidian el software porque su negocio no está ahí, sino en la venta de hardware (Apple) o en la publicidad asociada a sus servicios (Google).

US$500 millones menos

Con esta decisión, Microsoft podría dejar de ingresar en el primer año hasta US$500 millones, según estima FBR Capital Markets. Es una parte pequeña del negocio Windows (que genera unos ingresos anuales de unos US$15.000 millones), puesto que el grueso de la facturación proviene de la venta del sistema operativo a fabricantes que lo incluyen en sus dispositivos, lo que se conoce como negocio OEM.

Sobre el papel, los beneficios de una adopción rápida de Windows 10 son mayores que el dinero que el gigante tecnológico pueda dejar de ingresar al no cobrar por las actualizaciones. La idea es conseguir con celeridad un gran mercado de usuarios de Wïndows 10 que se rentabilizará mediante la venta de software y servicios.

La rápida adopción de Windows es clave en un momento en el que Microsoft no domina el mercado de los sistemas operativos. Sigue siendo el líder en PC, pero en el conjunto de dispositivos personales, sumando smartphones y tabletas, tiene alrededor de un 14% de cuota, frente al 59% de Google con Android, según datos de Gartner.

Desde que asumió el cargo de consejero delegado en 2014, Satya Nadella se ha propuesto que Microsoft sea cada vez menos dependiente de Windows. De ahí su apuesta decidida por convertir a la compañía en un jugador de peso en el ámbito de la nube.

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