Depresión, fibromalgia y agotamiento laboral son las más comunes por sus múltiples roles.

Mujeres poderosas y autosuficientes que hacen cientos de cosas en un día, que solucionan asuntos laborales, mientras estudian y están pendientes de sus hijos y esposos, luciendo siempre radiantes. Así parece ser la dinámica exprés que las lleva a exigirse y presionarse cada vez más para cumplir con todo, a tal punto que terminan afectado su bienestar emocional y físico.

Así lo dice el estudio La mujer, un cuerpo o emotividad en la época de la globalización, que adelanta Samanta Guerrero, investigadora de la Universidad Nacional de Manizales.

Se sabe, por ejemplo, que la depresión es dos veces más frecuente en las mujeres que en los hombres, teniendo una incidencia de 1,9 por ciento en ellos, frente a un 3,2 por ciento en ellas a nivel mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Otra tendencia mundial es la predisposición ocho veces mayor de las mujeres a sufrir de fibromalgia, una enfermedad crónica “caracterizada por un intenso dolor muscular y de hueso, que además se acompaña de hipersensibilidad, algunas manifestaciones de ansiedad o depresión, rigidez y trastornos del sueño”, explica Óscar Díaz Sotelo, psicólogo de la Universidad El Bosque, especialista en Epidemiología y salud pública. Los altos niveles de estrés es uno de los factores de riesgo para desarrollar esta enfermedad.

Siguiendo por esta misma línea, un estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad Panamericana (UP) de México mostró que las trabajadoras son más vulnerables a sufrir el síndrome del quemado –burnout– con un índice de agotamiento emocional en la mujeres de 2,57, mientras que el de los hombres es del 1, 91.

Y para tomar un caso local, según un estudio de la facultad de Psicología de la Universidad El Bosque, tres mujeres por cada dos hombres consultan a un especialista porque sienten que su salud mental está afectada, y entre los problemas más frecuentes de consulta están los relacionados con la ansiedad y el estrés.

¿Multitarea?

La capacidad de la mujer de desarrollar muchas tareas de forma simultánea ha sido hasta cierto punto sobrevalorada por la sociedad actual, ocasionando en muchos casos una distribución inequitativa de las cargas laborales y familiares con el hombre. “Esta situación es contradictoria porque ellas están expuestas a fuentes adicionales de estrés por sus múltiples roles, pero al mismo tiempo su ingreso al mundo laboral les ha dado independencia económica y realización profesional”, explica Guerrero.

Y aunque es realista destacar esa cierta facilidad de las mujeres para enfocarse en varios estímulos, no hay que sobrecargarse y pasar esos límites. “El agotamiento no se da necesariamente por la cantidad de horas trabajadas, sino porque las mujeres atienden muchos otros ámbitos, además del trabajo”, aseguró en la investigación María Beatriz Quintanilla Madero, académica de la UP de México.

Este mismo estudio indica que las mujeres mexicanas dedican 3,5 horas diarias a las familias mientras que los hombres 2,8; y entre 10 y 20 horas semanales más a actividades domésticas.

En esta situación también puede incidir la edad. “Una mujer entre 25 y 35 años soltera y sin hijos puede llegar a tener unas cargas similares a las del hombre sin ningún problema, pero ya entre los 40 y 50, los vínculos estables y las familias más extensas pueden complicar el manejo del estrés”, asegura Esperanza Díaz, docente de la facultad de Ciencias Administrativas y Contables de la Universidad de la Salle.

Prevenir antes que curar

La idea no es que el estrés desaparezca, pues es claro que en niveles controlados es necesario para mantenernos alerta frente a diferentes estímulos. Pero hay aspectos que sí se pueden mejorar, como modificar ciertas dinámicas en su hogar y evaluar si está asumiendo muchas más responsabilidades de las que puede manejar.

En este sentido, Díaz Sotelo resalta que el riesgo de padecer altos niveles de estrés es mucho menor en mujeres con una relación de pareja estable y con hijos, donde recibe un apoyo y colaboración de todos los miembros de la familia, fomentando un trabajo en equipo, donde se delegan funciones, hay una buena comunicación y un balance entre las satisfacciones y las preocupaciones.

No hay que subestimar pero tampoco sobreestimar las capacidades laborales de hombres ni de mujeres. “Los hombres debemos reconocer que las responsabilidades familiares y domésticas pueden generar altos niveles de estrés”, concluye Díaz.

Un balance adecuado

La docente Esperanza Díaz y la ‘coaching’ de felicidad Sylvia Ramírez Rueda dan algunos consejos para controlar el estrés:

– En el ámbito laboral, evite compararse con los demás y compita con usted mismo, haciendo las cosas mejor cada día.

– Deje el miedo a delegar y apóyese en familiares y amigos que estén dispuestos a ayudarle.

– El secreto de las personas emocionalmente sanas y felices es estructurar metas realistas, que sin dejar de ser ambiciosas sean posibles de cumplir.

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