¿Así que sus hijos pequeños no comen coles de Bruselas, brócoli o frijoles?

Tal vez es solo una fase y pasará. Tal vez están cansados de que les des órdenes y este es un área en donde pueden desquitarse. A lo mejor, como muchos padres dicen, simplemente deberías dejar que tus quisquillosos comensales se queden hambrientos si deciden no comérselos. Se los comerán cuando realmente tengan hambre… ¿cierto?

No necesariamente.

Aunque la mayoría de los más pequeños y quisquillosos comensales dejan en algún momento sus selectivos hábitos alimenticios, un nuevo estudio descubrió que el hecho de ser moderada o severamente quisquillosos en sus hábitos alimenticios está asociado con asuntos psicológicos tales como ansiedad, depresión y trastorno de déficit de atención/hiperactividad, los cuales pueden requerir intervención.

Más del 20% de los niños de 2 a 6 años resultaron ser comensales selectivos en un estudio de la Universidad de Duke publicado el lunes en la revista Pediatrics. Los autores del estudio realizaron evaluaciones en casa con 917 niños y le dieron seguimiento a 187 niños durante más de dos años.

“Estos no son los niños a quienes no les gusta el brócoli y que no tocarán un tomate”, dijo la psicóloga Nancy Zucker, autora principal del estudio y directora del Duke Center for Eating Disorders (Centro Duke para trastornos alimenticios). “No se trata de niños que simplemente desafían la autoridad, quienes no están comiendo lo que usted les da de comer tan solo porque sí. Estos niños están pasando por una serie de problemas (psicológicos)”.

Alrededor del 18% resultaron ser “moderadamente quisquillosos”, lo cual significa que solo comen de un limitado rango de productos alimenticios. A menudo cenan en casa y llevan su propia comida a las cenas fuera de la casa. El 3% restante era severamente selectivo en su alimentación, lo cual limita su capacidad para comer fuera de casa.

Los niños con una alimentación moderada o selectiva eran casi dos veces más propensos a sufrir una elevada ansiedad a lo largo del período de seguimiento de dos años del estudio.

“Esto demuestra que para algunos niños, esto es más que ser quisquilloso”, dijo la Dra. Jennifer Shu, una pediatra de Atlanta y coautora de “Food Fights: Winning the Nutritional Challenges of Parenthood Armed With Insight, Humor, and a Bottle of Ketchup”.

“El componente de la salud mental puede hacer que los padres sean un poco más comprensivos en lugar de alimentar por la fuerza a sus hijos”, dijo.

Los padres, que a menudo tratan de hacer que sus hijos coman, también reportaron que se sentían juzgados por sus quisquillosos comensales, dijo Zucker, la psicóloga.

En lugar de tratar los hábitos alimenticios selectivos como un problema individual, estos pueden ser una pista útil de estos otros problemas de salud, dijo Zucker. Identificar a un comensal quisquilloso es más fácil que identificar problemas de salud mental, razón por la cual la conexión del estudio entre los problemas de alimentación y los problemas psicológicos ofrece un buen tema a tratar con tu pediatra.

Los padres que están preocupados por los hábitos de alimentación de sus hijos pueden comenzar un diario de alimentos para ver si sus hijos son quisquillosos en todas partes, dijo Shu. Observar si comen mejor en la guardería, en la escuela o en las casas de otras personas. Podrían darse cuenta de que sus hijos se llenan con bebidas o refrigerios justo antes de la cena. Todo esto –y la historia de salud mental de tu familia– es lo que necesitas compartir con tu pediatra.

Es normal que ocasionalmente a los niños pequeños se les tenga que volver a enseñar a comer –a veces hasta 10 veces antes de que finalmente les guste la comida–, dijo la Dra. Lisa Thebner, una pediatra de Manhattan.

“Identificar a esos niños que son comensales moderada o severamente selectivos como niños que posiblemente tengan problemas de estados de ánimo o sensoriales, también puede ayudar a que los pediatras los identifiquen como niños en riesgo”, le dijo Thebner a CNN.

“Al hacer esto, entonces podemos estar en mejores condiciones para hacer las referencias apropiadas a cualquiera o a todos los siguientes especialistas: nutricionistas, terapeutas de la alimentación –que pueden ayudar con los asuntos sensoriales frente a los alimentos– y especialistas en conducta y desarrollo pediátrico –quienes pueden ayudar al niño y a la familia cuando trabajan con el niño”.

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