Puede que los carnívoros se encuentren en lo más alto de la cadena alimentaria, pero a menudo los herbívoros son animales más grandes. Por ejemplo, pensemos en el alce, el mayor de los cérvidos que vive en las regiones situadas más al norte de Norteamérica, Europa y Asia.

En lengua algonquina, propia de Norteamérica oriental, su nombre significa «el que come ramas», un apodo curioso para un mamífero que puede llegar a pesar más de 800 kilogramos. Sin embargo, sí refleja su gran habilidad para sacar el mayor provecho de su alimento.

Matthew Lewis, del Fondo Mundial para la Naturaleza, afirma que a medida que se sube en la cadena alimentaria, más energía se va perdiendo.

Las plantas son los productores primarios, que convierten la luz del sol en energía y los elefantes, consumidores primarios, convierten las plantas en energía. En lo más alto de la cadena se encuentran los depredadores, que se alimentan de herbívoros. Sin embargo, como explica Lewis, se da un 10 % de pérdida de energía en cada nivel de la cadena.

Por lo tanto, «un carnívoro tiene que consumir diez veces más para conseguir la misma cantidad de energía que si estuviera en el primer nivel». Por ejemplo, un carnívoro del tamaño de un elefante tendría que pasarse todo el tiempo cazando y comiendo animales de su propio tamaño para compensar esa pérdida de energía. Y al poco tiempo no quedaría mucho que cazar.

Por ese motivo los ecosistemas no suelen contar con un gran número de carnívoros, pues no habría suficientes presas para mantenerse. Los herbívoros, al obtener energía directamente desde su origen, son los más abundantes y están más expandidos. Aún así, tampoco lo tienen fácil: los elefantes africanos, por ejemplo, comen 140 kilogramos de alimento al día.

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