En una época en la que las religiones sufren por una crisis de fe generalizada, una fe en Islandia está logrando algo asombroso.

En las últimas semanas, pasó de tener tres fieles a superar los 3.000, cifra que representa casi el 1% de la población islandesa.

El milagro lo hizo el zuismo, una religión nueva -fundada en 2013- basada en una de las más antiguas: la de los sumerios, esa civilización que floreció en el sur de lo que hoy en día es Irak, entre 5.000a.C. hasta 2.000a.C.

En términos de dioses, los sumerios -y ahora los zuistas- tenían varios, pues fueron adoptándolos a lo largo del tiempo y la distancia.

Cuatro de los principales son An, Ki, Enlil y Enki, dioses del cielo, tierra, viento y agua, respectivamente.

Además de ello, el sitio zuista en la web señala: “Creemos que el Universo está controlado por un grupo de seres vivos con forma humana pero inmortales con fuerzas supernaturales”.

Respecto a rituales, la nueva religión tiene pocos, aunque se sabe de una misa en la que se leyó poesía sumeria antigua.

Y hay planes de construir un ziggurat o templo, para lo cual han invitado a sus seguidores en Facebook a presentar diseños, especificando que deben incluir desde “un auditorio grande y salas más pequeñas para la adoración y sacrificios” hasta “un parque ornamental de leones grande … un foso para caimanes … un dragón”.

Ziggurat

La verdad es que los fundadores de esta religión dudan que alguna vez construyan su ziggurat, por varias razones.

Una de ellas es la evidente: se necesitarían muchos fondos.

Otra es que su gran esperanza es dejar de existir antes que un proyecto de esa categoría pudiera completarse, así les donaran todo el dinero del mundo.

Y, de hecho, si tuvieran todo ese dinero, probablemente lo distribuirían entre sus fieles.

Sin misterios pero con revelaciones

Si ya te está empezando a extrañar este cuento… ¡Fuera caretas!

No, efectivamente no se trata de una secta que está ganando tal impulso que se podría convertir en una amenaza para otras religiones.

Aunque sí, de cierta forma, pone en riesgo el estatus quo del resto de las religiones de este conjunto de islas en el extremo noroccidental de Europa.

Los islandeses pagan un "impuesto de Dios" para mantener a las religiones.En Islandia, todos los ciudadanos tienen que registrar su religión con el Estado, y también pagar un impuesto anual para mantener a la fe, así no sea seguidor de ninguna.

Para 2016, serán unos US$80 al año por contribuyente.

Casi el 75% de la población está afiliada a la Iglesia nacional de Islandia, que es luterana, y hay otros más de 40 organismos religiosos que califican para recibir los “pagos a parroquias” que resultan de la recaudación de ese impuesto.

Uno de esos organismos es el zuismo, que fue registrado como una religión oficial -aunque minúscula- en 2013, para ser una “plataforma para que sus miembros practiquen la religión del antiguo pueblo sumerio”, según explica su sitio web.

Enlil, dios del viento, recibe un animal de regalo

Sus líderes dejan claro además que “los zuistas apoyan totalmente la libertad de culto -y de vivir libre de religión- para todos”.

Y es ahí, entre esos dos guiones anteriores, donde se resume su misión.

El gran atractivo del zuismo, lo que ha hecho que cientos de islandeses se hayan suscrito como fieles recientemente, no son precisamente las creencias religiosas, sino sus convicciones políticas… o sus ambiciones económicas.

“El objetivo principal de la organización”, aclaran sin rodeos los zuistas en la tercera frase de su declaración, “es que el gobierno derogue cualquier ley que le otorgue privilegios, financieros o de cualquier índole, a las organizaciones religiosas distintos a los de otras organizaciones”.

Los zuistas reclaman además que se anule el registro de la religión de los ciudadanos.

Mientras esto ocurre, lo que hacen es devolverles a sus fieles el impuesto que han pagado para la religión.

Es decir: la organización zuista recibe del gobierno lo que le corresponde de lo que llaman “impuesto de Dios”; ese impuesto fue pagado por los ciudadanos; la organización le ofrece a cualquiera de esos ciudadanos que desee se miembro de la religión el dinero que el gobierno recaudó por este concepto.

“No le preguntamos a los nuevos fieles si creen en los dioses”, le dijo a la BBC Holger Simonsaen, uno de los fundadores del zuismo.

La razón de ser de esta religión es cambiar una realidad, no tanto en el cielo sino en la Tierra, más precisamente en la gélida y volcánica de su nación.

Y, cuando alcance sus objetivos, “la organización religiosa del zuismo dejará de existir”.

Es por eso que esperan no tener tiempo para construir un templo, con o sin dragones.

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